No es sobre ellas, es sobre ellos: un ensayo para abordar la prostitución

Natalia Herrera Durán
14 de septiembre de 2026 – 12:05 a. m.

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«Putas, rameras, prostitutas, meretrices, fufas, fulanas, zorras, furcias, busconas, cortesanas, cueros, hetairas, mujeres públicas, damas de la vida alegre, damas de la noche, primas, jineteras, pelanduscas, trabajadoras sexuales, trabajadoras del sexo…». Cuántas formas para nombrarlas a ellas y tan pocas para los hombres que pagan por sexo, nos recuerda con lucidez Susana Barradas en su libro Las otras de las otras, de la editorial Ariel, que ya está en librerías.

Se trata de un ensayo riguroso sobre la prostitución que interpela a los puteros y ve todas las fisuras de un sistema violento, arraigado en la desigualdad, la dominación masculina y narrativas culturales que han normalizado la violencia física y mental en contra de las otras, las mujeres de la «mala vida». Susana Barradas, portuguesa, doctora en Psicología, vive hace 15 años en Colombia y ha hablado con decenas de mujeres sobrevivientes de la prostitución. Quizá por eso entiende con tanta claridad que el feminismo no cuestiona las decisiones individuales de las mujeres, sino las razones que las obligan a tomarlas, como dice Celia Amorós. No estamos hablando del oficio más antiguo del mundo, sino de la demanda más antigua: la de un hombre que quiere acceder al cuerpo de una mujer que no lo deseó y lo logra a cambio de un precio, como dice la académica española Blanca Hernández Oliver. 

En la historia, quienes siempre han sido cuestionadas y vistas como un problema para la sociedad han sido las mujeres prostituidas y nunca los varones que las prostituyen. En el siglo XX, por no ir tan lejos, las mujeres en prostitución fueron el blanco exclusivo del control sanitario, al considerarlas un foco de enfermedades de transmisión sexual. Una situación que no ha cambiado mucho desde entonces, porque el estigma y el control higienista sigue estando sobre ellas, mientras ellos permanecen en la opacidad. ¿Quiénes son estos hombres? En realidad, puede tratarse de cualquiera: «Los hay casados o solteros, jóvenes o viejos, con o sin estudios, médicos, abogados o escritores», apunta Susana en su libro y dice que, sin embargo, ninguno nació putero. Fue solo a partir del proceso de socialización de los niños y jóvenes que se les transmitió la cosificación, devaluación y deshumanización de lo femenino. 

Por eso es tan revelador el ejercicio de investigación que hizo Susana en una de las decenas de páginas web que existen en Colombia donde se ofrece sexo pagado. Escogió la que tiene un número mayor de reseñas y fue en la que percibió una mayor interacción entre sus usuarios. Allí hablan de ellas como si estuvieran reseñando cualquier producto. Se piden detalles; las evalúan, por partes, y cuentan cómo se portan si son violentadas: «Fue la mamada de mi vida: yo agarrándola de las trenzas y ahogándola con la verga», escribió uno. «Muy porno, muchachos. Me pidió que le avisara cuando me fuera a venir… pero se me olvidó. Me vine en su boca. Ella lo escupió y me dijo: ¡No me dijiste! Pensé que se molestaría, pero sonrió y me limpió. Muy buena actitud», dijo otro. 

Para Susana, en la lógica del putero, las mujeres son un genérico intercambiable, una alteridad sin características que las hagan humanas o las doten de personalidad: son como no personas que habitan un no lugar. Por eso contra ellas los niveles de misoginia y violencia son mayores. Contra ellas la crueldad es posible. ¿Cómo podemos aceptar que ese sea el «orden natural», irresoluble e inevitable de las mujeres y niñas abocadas a ser putas por ser vulnerables? Con toda razón la autora de Las otras de las otras termina su libro diciendo: «Cuando hablamos de erradicar la prostitución, hablamos también de nuestra añoranza de que el potencial de las mujeres y niñas no se vea truncado por un sistema que se enriquece con sus cuerpos y con sus vidas no vividas. En nuestro proyecto, el sueño es otro: que la infamia y la crueldad jamás vuelvan a ser destino».  

Adenda: Para quienes quieran seguir deshilvanando este tema, el miércoles 16 de septiembre, a las seis de la tarde, estaré en la Librería Matorral, en Teusaquillo, conversando con la autora de este ensayo y la abogada Helena Luna Hernández.

Natalia Herrera Durán

Por Natalia Herrera Durán

Periodista de Investigación. Trabajó en El Espectador desde el año 2010 y durante 15 años. Le interesan los temas sociales y de denuncia. Natal1aH nataliaherrera06@gmail.com
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Comentarios
  • Francisco(84285)Hace 20 minutos
    Es una utopia pretender erradicar la prostitucion,el oficio mas antiguo,se debe buscar un trato mas humano,mas concensuado,y procesar a las mafias que explotan estas mujeres,niñas,vulnerables
  • Alberto(68074)Hace 5 horas
    Hay una canción de José Luis Perales cuyo nombre es ‘Samaritanas del amor» es un título válido ellas son mujeres también y por fuera de estos sitios las hay peores
  • JAIME(1016a)Hace 8 horas
    A quien debemos condenar, al que peca por la paga a quien paga por pecar
  • Maria Eugenia(56068)Hace 9 horas
    Triste profesión de algunas mujeres que en ella se ven humilladas.Y los varones se vanaglorían de sus poseidas.
  • CARLOS(lcggj)Hace 9 horas
    Interesante ensayo. Vale la pena leerlo y analizarlo.
  • bernardo(19305)Hace 10 horas
    Cuando hablamos de erradicar la prostitucion siendo la profesión más antigua y universal, podemos decir que es una labor entre imposible y casi imposible en una sociedad tan desigual como la nuestra. Mientras tanto no podemos olvidar la obligación que tiene el estado y la sociedad para proteger, sin estigmas ni discriminación a las personas que por cualquier circunstancia se dedican a ejercer ese oficio.
  • Atenas(06773)Hace 12 horas
    Infamante y deplorable asunto abordas hoy, Natalia. De cómo, por muy diversas razones, la profesión de prostituta a q’ se ven forzadas algunas mujeres, se hace más repudiable por el maltrato q’ les prodigan ciertos depravados hombres al pagar por sus servicios, lo cual las sumerge más en su infortunio y desgracia, haciendo de ellas vil gante – término coloquial paisa de despreciativo significado: pa limpiar miasmas-, cual hicieron con las mujeres de su entorno el ojisapo y H. Morris. Atenas
  • Atenas(06773)Hace 12 horas
    Infamante y deplorable asunto abordas hoy, Natalia. De cómo, por muy diversas razones, la profesión de prostituta a q’ se ven forzadas algunas mujeres, se hace más repudiable por el maltrato q’ les prodigan ciertos depravados hombres al pagar por sus servicios, lo cual las sumerge más en su infortunio y desgracia, haciendo de ellas vil gante – término coloquial paisa de despreciativo significado: pa limpiar miasmas-, cual hicieron con las mujeres de su entorno el ojisapo y H. Morris. Atenas
  • jose ignacio(33220)Hace 14 horas
    comté 20 calificativos . el 21 auxiliares en Urgencias sexuales.
  • Dionisio(cvtsc)Hace 14 horas
    Es vital educar el deseo y el respeto por la otra persona. La deshumanización de la mujer es vergonzosa. El precio a pagar son hombres que no sabrán cómo amar, ser amados y deseados por una mujer. La frase misógina campeona que he leído en foros de fútbol reciéntemente: «No hay hombres feos, solo hombres pobres». Pero, lo acepto, no se puede negar tampoco que hay mujeres que sin ser prostitutas nos toman por billeteras: «Ese hombre nunca la bajara de andar en un Mercedes…».
  • MARIO(jbw8b)Hace 15 horas
    Quien sobre este particular sentó su mal ejemplo es Gustavo Petro Urrego: Los audios de la conversación entre Nicolás Petro y Day Vasquez quejándose de que había metido mujeres al hotel y de que iba a incumplir compromisos de campaña en Cartagena. El sitio que visitó en Portugal. La escandalosa fiesta con mujeres a la que llegó la policía y que denunció Leyva. Juliana Guerrero, Gabriela Muñoz, Vanessa Cortés, de quienes fue el sugar daddy. Está columna debería tener nombre propio.
  • Alfredo Enrique(67430)Hace 15 horas
    Muchas de las trabajadoras sexuales, entraron a ese mundo por falta de oportunidades laborales y no vieron otra forma de ganarse la vida. Muchas de ellas no alcanzan a terminar la escuela primaria. La columnista tiene la esperanza que en un gobierno femenino se acabe esa profesión tan cruel.
  • Jon Lindsay(ua6yh)Hace 15 horas
    Queda claro: a pesar de cualquier intercambio por dinero, es abuso. Y otra consecuencia de la falta de oportunidades de trabajo digno. A ver si hay un gobierno de mayoría femenina, un día…

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