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La evidencia, el milagro y la fantasía

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Por el lado de la evidencia, el material es tan amplio como la cantidad de glifosato con que el Estado colombiano asperjó más de un millón de hectáreas de tierra.

Hoy sabemos que asperjar no solo es costoso (más de 30 hectáreas asperjadas para erradicar una sola), sino inútil (la resiembra y el efecto globo están documentados en cualquier cartilla). La aspersión tiene serios impactos en la salud de las personas y sus entornos, golpea la parte más emproblemada de la cadena y, por lo mismo, no ofrece una solución a las razones sociales por las que la coca es sembrada. Más encima, le quita legitimidad al Estado.

Y sin embargo, aquí estamos: De la Espriella pretende volver a la aspersión aérea de cultivos de coca, ya no con glifosato, sino con glufosinato de amonio, un herbicida de más alta peligrosidad.

El Gobierno derogó la resolución de 2015 que suspendía la aspersión aérea con glifosato y autorizó un plan piloto sobre un máximo de 1.000 hectáreas, durante siete días, en Putumayo (siempre Putumayo). Como reacción a la desbocada y ecocida estrategia, una jueza puso un freno y exigió que se cumpla con una serie de garantías. Por supuesto, el Gobierno no solo apeló, sino que De la Espriella inició el predecible matoneo verbal contra los jueces.

El milagro se le escuchó en esta ocasión al ministro de Justicia, Iván Cancino, quien en un debate de la Cámara de Representantes afirmó que el piloto solo avanzará si se cumplen las condiciones de la Corte Constitucional, incluidas las evaluaciones de los riesgos para el ambiente y la salud, además de la participación de las comunidades. Muy demócrata el abogado. Un firme creyente en los milagros del proyecto político abelardista.

En esta ocasión, es el milagro de la técnica, del detalle, de la exactitud. Veámoslo en las perfumadas palabras de Cancino: “Estamos siendo absolutamente perfeccionistas con la tecnología para los polígonos de afectación, para la precisión del goteo, para la precisión de la zona”.

Acá conviene recordar el texto presentado por Ecuador en abril de 2009 ante la Corte Internacional de Justicia, en La Haya, en el que fueron expuestos los hechos y argumentos jurídicos de la demanda contra Colombia por las afectaciones que las fumigaciones aéreas de cultivos de coca habrían causado. Demanda que perdimos y llevó a un acuerdo millonario.

Ecuador ya construía su argumento en torno a la idea de que el glifosato y la mezcla usada para volverlo aún más efectivo desde el aire no se limitó, no se encerró en el espacio definido como el objetivo por el Estado. En realidad, influyeron las altas temperaturas, el viento, la topografía, los ríos y las condiciones de vuelo que terminaron por sacar el herbicida lejos de las zonas que en los planos del Plan Colombia requerían ser fumigadas.

Es el milagro de la aspersión. “Estamos revisando hasta las condiciones técnicas de los aviones de la policía”, nos dice Cancino, generoso él (incluso la pendejada de los aviones, agradezcan…).

Por encima de los milagros de la Patria y un tigre con walkie-talkie, estamos también en las tierras de la fantasía. En el diagnóstico que los llevó a querer experimentar con Putumayo está la idea viejuna (colonial, civilizatoria, extractivista, todo cabe acá) de un territorio prácticamente desierto. O a lo sumo, poblado por unas matas de coca. Los humanos que habitan este territorio son tan invisibles como prescindibles.

Estamos, si se quiere, en el revés de la nación, para retomar el título de un clásico de la antropología escrito por Margarita Serje que aún hoy, 20 años después de su publicación, sigue vigente. Estamos en las tierras de nadie, las zonas salvajes, los confines, las periferias que requieren ser domesticadas y demás.

Estamos también en la fantasía que supone que el ser humano nada tiene que ver con la naturaleza que lo rodea. Primero el hombre, segundo el hombre y tercero, a lo sumo, el tigre de la inteligencia artificial. Lo explicó mejor el encargado de la lógica y la modernidad según el Gobierno de De la Espriella.

Una vez más, Cancino (del vicepresidente nadie sensato esperaba algo): “Y perdónenme que se los responda: yo no les puedo contestar qué va a pasar con el ser humano, porque es que este programa no está diseñado para ver qué le pasa al ser humano cuando le hagan una aspersión”.

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