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La propuesta política del macronismo de “superar” la izquierda y la derecha mediante un proyecto de modernización de avanzada, económico, social, territorial, ambiental (Make Our Planet Great Again), una imagen presidencial jupiteriana y el fortalecimiento de la Unión Europea, termina con un balance desastroso: evidencia la crisis profunda del presidencialismo, el parlamentarismo y los partidos políticos; buena excusa para gobernar por decreto.
Cada iniciativa del gobierno se encontró en la práctica con la complejidad de la realidad y la necesidad de considerar la incidencia en cascada de las decisiones políticas: Asamblea Nacional, instituciones tradicionales, economía, estructuras productivas y sociales, salud, pensiones, educación y ciencia; energía y minerales; geo-ecosistemas y sus límites locales y planetarios.
Macron, después de las crisis, algunas generadas por sus decisiones, organizó consultas ciudadanas o de expertos, en busca de acuerdos y ajustes que no hizo; optó por dejar pasar el tiempo, como si las tensiones y la realidad no existieran y, en lugar de la “superación” política, tomó distancia, no escuchó a sus principales consejeros y reemplazó con frecuencia en los cargos del gobierno a funcionarios competentes y políticos importantes. Siete primeros ministros en 10 años.
No aprendió de la crisis de los “chalecos amarillos”, causada por el aumento de los precios de los combustibles, que evidenció la realidad de una sociedad que al fin de mes tiene muy poco margen de ingresos para un gasto adicional. Las guerras de Ucrania e Irán, y su efecto en los combustibles, tienen nuevamente a Francia en situación crítica.
El excelente trabajo de Élisabeth Borne y de científicos franceses de planificación ecológica TRACC fue desatendido; el país no estuvo suficientemente preparado para enfrentar los impactos y efectos del calentamiento global. Este año 2026 fue el más caluroso, registró 2,5 ºC por encima de la media histórica; 8.000 muertes, la mayor sequía, tensiones por desabastecimiento de agua, graves incendios, afectaciones a la agricultura y las viviendas. Mientras, el gobierno solicita aplazar los compromisos ambientales.
La Unión Europea debilitada frente a las dos grandes potencias, dirigida por Ursula von der Leyen en campaña, busca defender la economía (alemana) y se rearma para la guerra.
Macron termina su segundo quinquenio en mayo del 2027, con graves dificultades económicas, una deuda enorme y protestas estudiantiles históricas de colegiales adolescentes, que pueden expandirse. Francia está estupefacta e insatisfecha, preocupada por su futuro. Un centro político desmantelado, una izquierda dividida, en parte radicalizada (LFI) y una derecha mediocre, autoritaria y antiinmigrantes (RN), que con demagogia tiene favorabilidad en todas las encuestas para ganar la presidencia, una amenaza para la democracia.
Macron manejó las sucesivas crisis políticas internas, europea, mundial, COVID, guerra de Ucrania… para justificar su permanencia en la presidencia, pues su salida desestabilizaría el país; fórmula aparentemente exitosa para el presidente, pero que en realidad llevó a Francia a perder un decenio precioso para las profundas y urgentes transformaciones que se requieren, con el fin de evolucionar a una sociedad más democrática, igualitaria, solidaria y sostenible.