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Rabo de ají

Herejías sobre un profeta 

Pascual Gaviria
Gonzalo Arango, escritor colombiano y exponente del nadaísmo.
“Gonzalo Arango no fue un poeta precoz. Hace días, el poeta precoz que dirige el Caro y Cuervo retrató su vida en un sermón”: Pascual Gaviria
Foto: Archivo Particular

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Gonzalo Arango no fue un poeta precoz. Llegó tarde a muchos vicios, a muchas tareas y proclamas. Un adelantado, dicen, pero la verdad es que iba a la zaga, maduraba lento y a medias. Fue un niño campesino hasta los 17 años cuando bajó a Medellín para terminar el bachillerato. Era un alma de dios cuando se alargó los pantalones para leer su primer libro, una novelita rosa de Lamartine. Iba a misa, rezaba el rosario y creía hasta en la Santísima Trinidad. Él mismo contó el día de su muerte como acólito pueril. Fue en una iglesia en el barrio Aranjuez. Entró ferviente y vio a tres obreros fumando cerca del altar. “No fumen porque ofenden a Dios”, les dijo. Y uno de ellos se puso el cigarro prendido a una altura inapropiada y le dijo, “mira a tu Dios”. El niño salió corriendo a la casa cural y le puso la queja al sacerdote que le juró que iría a expulsar a los impíos. Gonzalo Arango se quedó esperando los azotes a esos mercaderes de la nicotina. Pero el cura nunca llegó. Habían burlado su fe y su rabia.

“En adelante, mi religión, mis dioses, mis ritos, mi sentido de salvación y del infierno convivirían conmigo en el reino de la belleza”. De ahí nunca salió la vida creativa y publicitaria de Gonzalo Arango. Dio tumbos contra todas las luces como una chapola, golpeando el bombillo para romperlo unas veces, o rondándolo a manera de cortejo. Así hizo con el poder, con sus fanáticos, con la gran prensa, con el comunismo y el capitalismo, con sus colegas, con las drogas y el dinero, con los bandidos y los curas. La contradicción permanente, la duda, las idas y las vueltas fueron su recorrido. Por eso mismo desengañó a tantos y tantas.

Hace unos días, el poeta precoz que dirige el Instituto Caro y Cuervo retrató su vida en un enardecido sermón de tres minutos y medio. No fue un homenaje ni un recorrido por su obra, siempre dispersa, ni un recuento de sus hazañas alucinadas, sus canazos, su mar de cartas y sus panfletos. El director, pueril como el Gonzalo de Aranjuez, hizo una diminuta hagiografía. El recorrido de un hombre aterrorizado por la nada y el cinismo, atizado por el odio de clases y el nihilismo, seducido por las drogas y el libertinaje, un hombre que dejó atrás ese camino y abrazó a dios. Y “cegado por el resplandor de la fe” fue camino al cielo cuando iba rumbo a Villa de Leyva. La versión de un Gonzalo Arango converso es a la vez provocación, ignorancia rancia y sermón oficial. El profeta del abelardismo describe la caída del profeta del nadaísmo, nos cuenta cómo tocó fondo al lado de “la izquierda que prometía utopías para entregar sangre y fanatismo”, y nos asegura que dejó las barricadas para abrazar a la providencia divina.

La mentira no es piadosa. Arango no fue rojo en su juventud y creyente en su madurez. Fundó el nadaísmo a los 27 años, llegó tarde también a esa rebeldía, y fue desde ese momento un descreído de ideologías. Se describió como un escritor burgués: “para mí la revolución obrera significa tanto como el estallido de un Alka-Seltzer”. Al contrario, más tarde, ya crecidito, abogó por Fidel y la revolución en los malos ratos del caso Padilla. El asustadizo director del Caro y Cuervo ve al joven profeta como una amenaza, igual a la policía y los obispos de hace sesenta años.

No hubo conversión, solo ires y venires, Arango reivindicó su rebeldía hasta el final, dejó de creer en el escándalo del Nadaísmo por ser una diatriba muy larga, y dudo de sí mismo, se reveló contra su ego, esa fue su gran transformación, quería crear más y arengar menos. Renegó de su éxito temprano e inmerecido. Tenía más de cuarenta, también llegó tarde a ese desengaño. Pero siempre despreció a los espíritus puros, sin carne.

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En algo tenía que ser precoz, encontró la muerte contra un camión a los 45. Y nunca se imaginó que un niño poeta lo convertiría en sus apócrifos evangelios.

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Comentarios
  • Maria Clemencia(10942)•Hace 9 minutos
    Excelente columna.
  • PEDRO(85266)•Hace 1 hora
    un articulo de estos quilates solo provoca rebuznos e hilaridad en algunos pollinos, con el respeto que me merecen los nobles y leales plateros.
  • Duglas(91148)•Hace 1 hora
    👍
  • Atenas(06773)•Hace 1 hora
    Y, Cualpaz, igual le rinde tributo a otro vicioso q’ mucho se inspiraba en medio de las trabas con sus parces q’ a voz en cuello gritaban “¡Uy, qué traba tan bacana!”. Atenas
  • hernando(26249)•Hace 2 horas
    Genial Pascual
  • Mario(d84e7)•Hace 3 horas
    "Ni yo misma sé que es el nadaismo" (Rosa Girasol). Y…Pobre Instituto Caro y Cuervo..
  • Contrapunteo(18670)•Hace 4 horas
    Recordar que quien lo nombró, la paisa Holguin, desde el senado sin ningún decoro, repicaba de aplicar la motosierra, herencia que tiene de su padre un maloso narcoparamilitar. No sea exagerado Pascual llamando poeta a este desubicado, con cara y voz de cura afeminado director, que colocaron ahí para acabar y cuestionar todo. Lo bueno es que las obras de Arango se siguen leyendo, el nadaísmo marcha viento en popa con su lider J. Mario Arbeláez y de A. Caicedo se seguirá hablando y escribiendo
  • SÓTERO(26571)•Hace 4 horas
    El tal Velez resultó Caro y Siervo.
  • Caliche(62305)•Hace 4 horas
    Preferiría no hacerlo. Preferiría no opinar de la decadencia actual. Preferiría no seguir hacia adelante, porque moriría ahogado en el mar, como señaló Gonzalo Arango. A propósito, los poetas Gustavo Cobo Córdova y Juan Manuel Roca opinan que Gonzalo Arango más que un poeta fue la poesía en las calles. Gracias, Pascual.
  • GONZALO(02bph)•Hace 4 horas
    Buena columna.
  • Gines de Pasamonte(86371)•Hace 6 horas
    ¿Quién nombró al actual director del I. Caro y Cuervo: Sergio E. Vélez Peláez? Lo nombró la actual ministra de las Culturas, Artes y Saberes de Colombia esto es: Paola Andrea Holguín M. ¿Y a esta? ¡La nombró Fraudelardo! Lo anterior me retrotrae a mediados del siglo XVI, concretamente a la obra del pintor flamenco: Pieter Brueghel el Viejo: “La parábola de los ciegos” (1568), obra basada en un pasaje del Evangelio. Sólo la desgracia se puede esperar cuando un ciego guía a otro ciego. ¡Elemental!
  • Maria Clara(12949)•Hace 7 horas
    A Gonzalo Arango le debo el regalo de la duda…. de los poetas precoces líbrame Dios!
  • Alias(39126)•Hace 7 horas
    Gracias
  • Julio Roberto Arenas C.(3f359)•Hace 7 horas
    El Nadaísmo no está asociado a las reviluciones de Izquierda; ni siquiera fue en su momento una ideología política, sino una propuesta filosófica, o mejor, ética y estética. Fue un modo de poner fin a tanta preguntadera y a tanta hipótesis sobre lo Divino y lo humano. Pero estos esquizofrénicos, poetas precoces que ven «la luz» por todas partes y escuchan cánticos de ángeles detrás de las puertas, en cuanto te das la vuelta te clavan la cruz en la espalda, y si es preciso… te matan.
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