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Un fenómeno de El Niño especialmente fuerte ha puesto sobre la mesa algo que Colombia ya sabía, pero que prefería no mirar de frente: nuestra enorme dependencia de la generación hidroeléctrica y el riesgo de que, cuando llueve menos, falte la energía.
Mientras los técnicos y los gobiernos discuten sobre cómo evitar un racionamiento y cuánto más deberíamos pagar los usuarios, hay otra conversación que deberíamos estar teniendo: ¿Cómo hacemos para depender menos de las hidroeléctricas? Varias empresas locales y comunidades en Colombia ya tienen la respuesta: usando el sol y el viento para generar energía a bajo costo, sacar agua del subsuelo, producir y conservar alimentos, mejorar cultivos y llevar electricidad a lugares donde la red eléctrica nunca ha llegado. Estas historias de éxito que hemos compilado desde Reimaginemos nos recuerdan que la transición energética no es solamente una discusión abstracta sobre megavatios, redes y grandes inversiones. La transición energética se está construyendo ya, empresa por empresa, comunidad por comunidad, panel por panel.
En el resguardo indígena de San Andrés de Sotavento, en Córdoba, por ejemplo, los paneles solares parecían una tecnología lejana, en un lugar donde la red nunca llegó. Pero los paneles solares sí llegaron, gestionados por la comunidad y donados por la comunidad internacional. Y con ellos no llegó solamente la electricidad. Con los paneles pudieron llevar energía a la Casa de las Semillas, donde conservan 27 tipos de semillas de maíz nativo usando refrigeradores, y luego, con un molino eléctrico, las transforman en harina. La comunidad ya conservaba semillas nativas, pero perdía el 60 % de ellas al no poderlas refrigerar. Por eso, como lo señala Guadis de Jesús Muslaco, líder del proyecto: “La tecnología llegó para potenciar ese saber local que ya estaba”. Esto nos recuerda que “la verdadera innovación dialoga con el conocimiento comunitario”, como concluye la investigadora Isabel Preciado, quien se dedica a estudiar lo que ahora conocemos como energías comunitarias.
En otra latitud de Colombia, en Casanare, el ingenio local también se sumó a las energías renovables para solucionar un problema que afecta a miles de productores rurales, animales y plantas: la sequía. Así nació Tobo y Compañía, que lleva 22 años construyendo molinos de viento (y ahora de viento y sol) para extraer agua subterránea. Ya han construido más de 3.000 en Colombia y otros más en el exterior. Sandra Tobo, su directora, cuenta que la empresa nació de una idea de su padre, un hombre que “inventaba máquinas para solucionar los problemas reales de las personas”. Empresas familiares en Colombia hay muchas. Empresas familiares que hayan construido y sostenido su negocio alrededor de una innovación popular, muchas menos.
Otra empresa colombiana que exporta conocimiento en energías renovables es Ecobalance Technologies. Ellos trabajan con sistemas agrivoltaicos: paneles solares instalados sobre cultivos que permiten producir alimentos, agua y energía en el mismo espacio. La sombra de los paneles protege el suelo y ayuda a conservar la humedad, algo particularmente valioso en tiempos como los de El Niño, cuando las temperaturas aumentan y las lluvias disminuyen. Fernando Pérez, su director, explica que su “trabajo no es instalar paneles, sino mostrarles a los campesinos lo que se puede lograr con energía solar”. Hay sistemas de ordeño solares, bombas de calor, deshidratadoras solares, biodigestores, cercas solares y otras tecnologías que pueden transformar la producción en el campo.
Porque “las tecnologías ya están. Y están acá en Colombia, no solo en China”, dice Edwin Hernández, director de Ecoled, una de las empresas pioneras en energía solar en el país. Ecoled ha instalado más de 10.000 soluciones solares individuales, muchas de ellas en lugares tan apartados que los paneles tuvieron que llegar en chalupa, a caballo o incluso al hombro. Edwin cuenta que una de las mayores satisfacciones de trabajar en esta industria es encontrarse con personas que le dicen: “Pensé que me iba a morir sin tener luz en mi casa”.
Quizás si conociéramos más sobre historias como estas, nos daríamos cuenta de que la transición energética no solo es necesaria. También es posible, y ya está ocurriendo. Ojalá El Niño nos traiga no solo preocupación ante la sequía, sino también un empujón para darnos cuenta que ese sol que quema, también trae oportunidades, cuando se suma al saber local.
Autor: Reimaginemos
Editora: Allison Benson, Economista, PhD y Directora de Reimaginemos;
Con la participación de:
Guadis de Jesus Muslaco, Líder indigena y Fundador de la Asociación AMECTZENÚ
Edwin Hernández, Director ejecutivo y fundador de Ecoled Colombia
Sandra Yaneth Tobo, Empresaria de Casanare y gerente de TOBO y Compañía
Fernando Pérez, Director de Ingeniería y Construcción, LATAM – Ecobalance Technologies
Isabel Cristina Preciado, Antropóloga e investigadora
Cristian Gil, Director Creativo del centro de investigación Acción Pública.
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Alberto(58852)•30 de septiembre de 2026 – 19:49Es u esfuerzo muy loable de comunidades con iniciativa y más o menos aisladas ¿Pero dónde está el Estado? ¿Existe una estrategia integral y unas políticas coherentes y ambiciosas para afrontar el cambio climático? ¿ O simplemente se está dejando en manos de algunas ejemplares pero limitadas comunidades que resuelvan los problemas globales que ya estamos afrontando?
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UJUD(9371)•30 de septiembre de 2026 – 19:32El país y empresas que necesitamos. Felicitaciones !!