14 Feb 2017 - 2:00 a. m.

Pederastia eclesiástica y revictimización

“¡Cuánta suciedad hay en la Iglesia!”. La exclamación la hizo en 2005, el cardenal Joseph Ratzinger, más conocido después como el papa Benedicto XVI, al referirse en particular a los miles de casos de pederastia practicada por sacerdotes y otros jerarcas eclesiásticos. La posición del cardenal alemán le valió para que, dos días después de su afirmación, lo nombraran pontífice.

Se recuerda que una de las primeras medidas anticorrupción adoptadas por el entonces nuevo papa fue contra las tropelías del prelado mexicano Marcial Maciel, predilecto de Juan Pablo II. Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, fue acusado de pederastia, además de haber tenido hijos con varias damas. Su sueño, el de ser declarado santo universal, se le tornó pesadilla ante las denuncias documentadas sobre su vida crapulosa y, en rigor, non sancta.

Los incontables episodios de pederastia de curas, que ahora tiene en pleno escándalo a Argentina, tierra natal del sumo pontífice, condujeron, por ejemplo, a una profunda investigación del periódico Boston Globe en 2003, ganadora del Pulitzer, que denunció los abusos sexuales a menores, o la pedofilia de curas de la Diócesis de Boston. Llevada al cine con el nombre  de Spotlight (el largometraje en español se tituló En primera plana), que es, además, el de la unidad investigativa del mencionado diario, el filme dirigido por Tom McCarthy, ganó el Oscar a “Mejor película” en 2016.

En 1993, entre 2.000 y 4.000 sacerdotes católicos estuvieron implicados en casos de abuso sexual con menores, consumados en parroquias de Estados Unidos, con alrededor de 100.000 víctimas. Las pesquisas del Boston Globe, con más de seiscientos informes publicados, dieron como resultado que 249 sacerdotes fueran acusados del delito de pederastia contra casi mil quinientos afectados, y evidenciaron la complicidad y actitud blandengue del cardenal Bernard Law, que no solo ocultó los atropellos sino que trasladó a los violadores a otras iglesias, en las que continuaron con sus desafueros.

Otro escándalo al respecto acaba de estallar en Colombia, al revivirse el caso de un cura, William de Jesús Mazo, condenado en 2012 a 33 años de prisión por abusar sexualmente de cuatro menores. El asunto se tornó “viral” cuando la Arquidiócesis de Cali, ante la demanda de reparación de las víctimas, aseveró que los culpables del delito eran los padres de los niños por actuar de modo “permisivo” y “hasta con exceso de confianza”. Además, el abogado representante de dos de las víctimas, Élmer Montaña, dijo que hace dos años monseñor Darío de Jesús Monsalve le ofreció dinero para que abandonara el caso.

La reparación económica de las víctimas se tasó en 8.270 millones de pesos. Y tal vez para intentar “salvar” a la institución del pago de la indemnización, el abogado de la arquidiócesis de Cali culpó a los padres de los abusados, porque, según él, tuvieron una actitud “omisiva, laxa, permisiva, abandonada y desinteresada” que podría haber llevado a desproteger a sus hijos.

La posición de la arquidiócesis parecería estar basada en el dicho aquel de “qué culpa tiene la estaca si el sapo salta y se ensarta”. La fiscalía demostró que el sacerdote implicado en los abusos obnubiló a los chicos y los convenció de estar con él a cambio de regalos, invitaciones a comer, dinero y paseos con una banda marcial. La Corte, a su vez, comprobó que los hechos ocurrieron en la parroquia, en medio de las funciones que desempeñaba el sacerdote.

Los hechos indican que la arquidiócesis ha dado un paso en falso al revictimizar a los que sufrieron el daño. Ante la posición de dicha entidad y, en particular, a la del arzobispo de Cali, el abogado Montaña dijo: “Lo he visto (a monseñor Darío de Jesús Monsalve) muy comprometido con el tema de la paz, de la reparación a las víctimas del conflicto, en lo que también estoy, pero creo que tiene otra postura, contradictoria, en relación a las víctimas abusadas por sacerdotes” (El Tiempo, 12-02-2017).

La posición de la arquidiócesis podría estar en contravía de la del Vaticano que, en 2014, abrió por primera vez un juicio penal por pedofilia contra Jozef Wesolowski, su exnuncio en República Dominicana, y a la del papa Francisco, que ha pedido severidad contra los curas pederastas. Parece que interesara más el monto del dinero de indemnización que el tremendo daño a las víctimas.

El editorial de El Espectador (12-02-2017) formula una pertinente solicitud: “La Iglesia católica debería liderar la lucha contra el abuso sexual no solo desde el discurso, sino a través del ejemplo. Para empezar, ayudaría que no revictimizara a quienes han denunciado sus perversiones”.

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