18 Sep 2020 - 4:21 p. m.

Pachá

Ricardo Bada

Ricardo Bada

Columnista

Pascha [=Pachá], el mayor burdel europeo, aquí en Colonia, un edificio de diez pisos, sintomáticamente ubicado en la Hornstraße [=la calle del Cuerno] y dedicado a la dizque más antigua profesión del mundo, declaró su insolvencia y tendrá que cerrar sus puertas. Según la vieja sabiduría de que “la jodienda no tiene enmienda”, esto no significa que en Colonia se haya dejado de fornicar profesionalmente, sólo que en condiciones no legales, ni tampoco seguras para las putas, que quedan a merced de sus chulos y clientes. Pero el propietario de Pascha no ve otra alternativa, desde marzo se han ido acumulado los gastos de manutención y los del personal de mantenimiento (cocineros, plomero, peluquero, electricista, masajistas, limpiadoras y el equipo de seguridad, una nómina de 60 personas) sin ingresar un solo centavo en la caja del establecimiento.

Mas a los pocos días, leyendo el diario mientras desayunaba, me enteré de que el tribunal administrativo supremo de nuestro Land, Norte del Rhin–Westfalia, había declarado nula la prohibición del ejercicio de la prostitución. Alegan los jueces, con notable buen criterio, que también en los deportes y en los estudios de fitness se respira agitadamente y se esparcen aerosoles virósicos, amén de que el peligro de contraer Covid19 no es mayor en la prestación de servicios sexuales que en fiestas privadas de hasta 150 personas, límite legalmente autorizado.

Por los mismos días estaban anunciadas en Berlín manifestaciones en contra de las medidas antipandémicas, y la Policía las prohibió justamente en base a esas medidas, pero también aquí se encontraron en campos diametralmente opuestos el poder ejecutivo y el judicial; un tribunal administrativo berlinés falló que si los manifestantes se atenían a las normas antipandémicas no había nada que impidiese el que hicieran uso legítimo de su derecho a la libre expresión. Las manifestaciones se autorizaron. ¡Larga vida a la Justicia!

Lo que pasó después ya no es responsabilidad de los jueces. Algunos manifestantes asaltaron la escalinata del Reichstag [=el Parlamento federal] enarbolando las prohibidas banderas del extinto Reich, cosa que nos llenó de vergüenza (y hasta de temor) a quienes lo presenciamos en la TV. Lo curioso es que la extrema derecha, la extrema izquierda, los conjuracionistas de guardia y los incrédulos de la pandemia hablan todos unísono de que el gobierno de Angela Merkel es una dictadura. Pero como leí en una cuenta Twitter alemana, si lo que tenemos acá es una dictadura, se trataría de la más rara de todas las imaginables. Sea como fuere, “Principiis obstat!”, como dijo Ovidio: “¡Defendámonos de lo que así empieza!”

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