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A finales de julio, la Sala de Casación Laboral de la Corte Suprema de Justicia, presidida por el magistrado Víctor Julio Usme Perea, llevó a Nuquí una conversación necesaria sobre los desafíos actuales del mundo laboral. Se abordaron, entre otros temas, las migraciones, las plataformas digitales, la economía silver, los animales trabajadores y la crisis climática. La amplitud y calidad de las conversaciones fue maravillosa, así como la decisión de realizarlo en un territorio donde la riqueza natural extraordinaria convive con profundas brechas sociales y económicas, pero también con la pujanza de seguir construyendo esperanza.
Pensar el derecho laboral desde Nuquí cambia la perspectiva. Allí resulta evidente que el trabajo no ocurre separado del clima ni de los ecosistemas. La pesca, el turismo, el transporte, la agricultura, los servicios públicos y muchas economías locales dependen de condiciones ambientales que ya están cambiando. En el panel sobre justicia climática y relaciones de trabajo, abordamos con representantes de PNUD, OIT y WRI la crisis climática, los derechos fundamentales y las brechas territoriales; la informalidad, la protección social y el estrés térmico; y el papel de los sindicatos, la reconversión laboral y la justicia frente al cierre o transformación de actividades económicas.
Mis aportes se concentraron en tres escalas de riesgo conectadas, aunque distintas. La primera es la del trabajador. El calor, las inundaciones, los incendios, el humo o la escasez de agua afectan su salud, seguridad y capacidad de trabajar; pero esos riesgos no se distribuyen de manera homogénea, dependen del oficio, la región, la edad, el género, las condiciones de salud, la formalidad laboral y la posibilidad de detener una actividad sin perder el ingreso diario.
La segunda escala es la de las empresas y organizaciones. La crisis climática puede reducir la productividad, dañar instalaciones, interrumpir operaciones y afectar proveedores, vías, puertos, energía y abastecimiento de agua. El riesgo climático atraviesa cadenas completas de suministro y puede comprometer la continuidad de sectores productivos.
La tercera escala es la economía en su conjunto. Cuando se debilitan la producción de alimentos, el transporte, la energía, la salud o los servicios públicos, los impactos dejan de ser sectoriales y los vemos en PIB, impuestos y deuda. Entonces surgen nuevas preguntas para el derecho laboral ¿quién asume el costo cuando trabajar deja de ser seguro, pero suspender la actividad significa perder ingresos?
Durante siglos, los ecosistemas han funcionado como un seguro frente al clima. Manglares y corales amortiguan oleajes; humedales y bosques regulan el ciclo del agua, moderan las temperaturas y estabilizan suelos. Pero ese seguro se está erosionando por la acción combinada del calentamiento global y la pérdida acelerada de biodiversidad. Restaurar ecosistemas no es solo conservar la naturaleza: es invertir en adaptación climática, proteger empleos y reducir riesgos económicos.
Los eventos recurrentes y anunciados tampoco pueden seguir tratándose como totalmente imprevisibles. Los pasados eventos de El Niño y La Niña han dejado cifras, sobrecostos, pérdidas, interrupciones y poblaciones expuestas. El Niño que hoy se intensifica debe llevarnos a usar esa memoria para anticiparnos.
Los ministerios de Hacienda, Comercio y Trabajo, el DANE, el Banco de la República, los gobiernos territoriales, los gremios y los sindicatos deberían revisar qué riesgos estamos asumiendo, quiénes cargarán con sus costos y qué inversiones necesitamos. Adaptarnos exige cuidar a quien trabaja, preparar a quien produce y restaurar los sistemas naturales que hacen posible la economía.
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Mario Giraldo(196)•Hace 1 horaMientras en Bogota ven como enemigo a la administración publica, a las agencias y a los funcionarios públicos, a nivel local, en las regiones, son los que crean las condiciones para salir de la pobreza, y lograr estabilidad social y económica.
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DONALDO(67774)•Hace 5 horasAyer y durante toda la noche, un incendio se paseaba altivo por las colinas que bordean Popayán, sin que nadie hiciera algo por apagarlo. ¿Por qué, se pregunta uno, los desastres naturales se han presentado justo con la patria milagro de Abelardo? Más parece la furia de los dioses, por jurar en vano sus nombres.
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Atenas(06773)•Hace 7 horas¡Vea usted, quién lo creyera, los conspicuos togados de una de las tantas cortes, o principados, que tienen al país reventado y en vilo desde el punto de vista jurídico, haciendo proselitismo! Q’ se sepa, en un país desarrollado eso está prohibido, es más, ni se les ocurre hacerlo, su ética se los indica. Atenas