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19 Aug 2012 - 11:00 p. m.

Un defensor de la Carta

Contrario a lo que argumentaba una despiadada campaña que se montó en su contra, Luis Guillermo Guerrero tiene, como pocos, una magnífica hoja de vida para ser magistrado de la Corte Constitucional.

Abogado de la Javeriana, fue asesor de Juan Carlos Esguerra en la Asamblea Constituyente y de Hernando Yépez en el Consejo Superior de la Judicatura, y durante once años laboró como magistrado auxiliar en la Corte Constitucional, en donde trabajó con Rodrigo Escobar Gil y con Eduardo Mendoza y se ganó el respeto de los magistrados titulares y auxiliares de todas las tendencias. Según La Silla Vacía, Guerrero estuvo de acuerdo con la primera reelección de Uribe, pero no con la segunda, argumentando que había peligro de sustitución de la Constitución. Argumentó a favor del reconocimiento de efectos patrimoniales a las uniones de parejas del mismo sexo y ha manifestado su acuerdo con las tres excepciones en las cuales la Corte despenalizó el aborto. Ha defendido siempre la tutela y ha mostrado su apego a un enfoque garantista de la Constitución. Varias personas que lo escucharon en el Consejo de Estado comentaron que hizo la mejor presentación entre los 26 candidatos a ser escogidos en la terna que iría el Senado. Parece increíble que, con esa hoja de vida, durante el proceso de selección se haya dicho que era un desconocido, que no tenía la preparación suficiente y hasta que hacía parte de una conspiración de extrema derecha con el fin de desmontar la Constitución de 1991. Y, después de ser escogido por el Senado, algunos demeritaron su elección con el argumento de que fue una carambola producto de la revancha del Congreso contra el Gobierno por la fallida reforma a la justicia.

Lo que, quizá, muchos analistas y comentaristas no conocen es que Luis Guillermo Guerrero nació, creció y realizó sus estudios de primaria y de secundaria en Pasto, antes de estudiar derecho en la Javeriana. Se formó en un ambiente donde se discutía de política y sus mayores fueron católicos practicantes y miembros activos del Partido Conservador. Pero la política de antes era muy distinta a la de ahora. Como muchas ciudades de provincia, hace medio siglo había mucha pobreza, desigualdad y aislamiento en Pasto, pero el “mundo de la vida” —como diría Habermas— no había sido colonizado ni por el poder del dinero, ni por la banalidad de los medios de comunicación, ni mucho menos por la política de la repartija y de la plata sucia que llegó después. El mundo en que Guillermo Guerrero y Lolita Pérez educaron a sus hijos fue un mundo de austeridad en donde valores como la honradez, la integridad y la decencia tenían sentido y significado. Ellos no alcanzaron a vivir para ver este gran triunfo personal de su hijo mayor. Tampoco las entrañables Pilar y Carmen Lucía, sus hermanas fallecidas hace poco tiempo. Pero con esos valores, que tanta falta le hacen a Colombia hoy en día, Luis Guillermo llega a la Corte Constitucional. Si a su origen de provincia le agregamos su cuidadosa dicción, su parquedad y moderación al hablar, su privacidad y su austeridad, muchos pueden creer que llega un caballero de una época ya extinguida. Pero que no se equivoquen. A la Corte Constitucional también llega un gran jurista y un defensor de la Constitución de 1991.

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Santiago Montenegro