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La extrema derecha se combate con narrativas alternativas

Santiago Vargas Acebedo
12 de septiembre de 2026 – 01:04 a. m.

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Permítaseme la siguiente digresión. Un día, una persona cualquiera, en camino a su trabajo, sufrió una tanda de incidentes: metió el pie entre un charco, perdió el bus y se rasgó la camisa con la esquina de un muro. De inmediato, llegó a la conclusión: “hoy estoy de malas”. 

Cada uno de estos tres incidentes es por sí mismo insignificante; es solo al agruparlos en una conclusión que cobran sentido. Por eso, más que una conclusión, esta es una forma de articular eventos separados en una sola trama. Es, mejor dicho, lo que se conoce como una narrativa en su versión más simple. Las narrativas, dice el filósofo Paul Ricoeur, son configuraciones lingüísticas que dan sentido a una serie de acontecimientos al organizarlos en una sola trama. De manera que una narrativa no es una suma de hechos, es la operación que los enlaza, dotándolos así de significado. 

Por supuesto, la política es todo menos ajena a esta dinámica. Es esencialmente a través de narrativas que los políticos que aspiran a gobernarnos ⎯desde el más tecnócrata hasta el más demagogo⎯ se presentan ante el electorado. Más aún, cuando nos convencen, las narrativas que nos cuentan los políticos tienen la capacidad de convertirse en nuestra propia versión de los hechos. 

Pues bien, en el mundo contemporáneo, el proyecto político que mejor ha entendido la dimensión narrativa de la política es la extrema derecha. No en vano, la transición de la extrema derecha de las márgenes al centro del cuadrilátero electoral es el fenómeno político más notorio de la última década. Tan solo esta semana, la extrema derecha consiguió su victoria electoral más importante desde 1945 en Alemania, el país que más esfuerzos ha hecho desde la Segunda Guerra para mantenerla fuera del poder. El ascenso progresivo de la extrema derecha en parte se explica por dos razones: su capacidad de construir narrativas efectivas y la incapacidad de la izquierda y el centro de contraponer narrativas semejantes. 

A grandes rasgos, la narrativa que sirve como base simbólica a la extrema derecha ⎯en particular en los países del norte⎯ consiste en el llamado a una guerra cultural entre lo local y lo global. Lo local representa, supuestamente, la verdadera identidad de las naciones y la esencia genuina del pueblo ⎯basándose, es preciso anotar, en una interpretación selectiva de la tradición. Lo global, por el contrario, representa el multiculturalismo que presuntamente amenaza con manchar el espíritu puro de la nación y dejar los puestos de trabajo en manos de foráneos a quienes no les pertenecen. Es, en el fondo, una narrativa efectiva precisamente porque le da sentido a la realidad política articulando, en una sola trama, fenómenos tan diversos como la economía, la identidad nacional, la raza, la migración y la potestad sobre los medios de producción de una nación. 

Europa lleva años preguntándose cómo contener a la extrema derecha. Hasta ahora, la estrategia ha consistido en pactos entre los partidos del establecimiento, como es el caso de Alemania y Francia. En Estados Unidos, los demócratas han optado, más bien, por competir con candidatos moderados. Pero ambas estrategias no han hecho más que alentar el avance de la extrema derecha. 

Por eso, la extrema derecha no se combate aislándola de la esfera pública. Eso lo único que consigue es aislar a la esfera pública de la ciudadanía. La extrema derecha se combate contraponiendo una narrativa alternativa que abandere el multiculturalismo como la verdadera esencia de la identidad nacional, reivindique el buen trato al foráneo y el cuidado de los refugiados como actos genuinamente patrióticos e impulse el pluralismo como la auténtica proeza de los héroes. Es decir, la extrema derecha se combate con los recursos semánticos de la literatura. No podemos dejar la capacidad de imaginar nuevos mundos a través de narrativas en manos de un proyecto político que se opone a la más profunda realidad de la condición humana: la diversidad.

santiago.vargas.acebedo@gmail.com

Santiago Vargas Acebedo

Por Santiago Vargas Acebedo

Sociólogo y arquitecto que investiga la interacción entre la cultura y la política. Es candidato a doctorado en Sociología por la Universidad de Cambridge, tiene una maestría en Cultura y Sociedad de la London School of Economics y un pregrado en arquitectura de la Universidad de los Andes. Ha publicado ensayos, cuentos y columnas en medios.
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