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Señor presidente, la austeridad es un fetiche

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La palabra fetiche viene del portugués feitiço y se usaba originalmente para referirse a un hechizo o sortilegio. Con la llegada del colonialismo portugués a África durante los siglos XV y XVI, feitiço se convirtió en el término que usaron los colonos para nombrar los objetos y rituales sagrados de las comunidades indígenas. Con el tiempo, la palabra fetiche degeneró en sinónimo de superstición o falsa religión, teniendo en cuenta que los colonos asumieron ser practicantes del único dogma que consideraron legítimo: el cristianismo. Si en un principio el término fetiche internalizaba un prejuicio colonial occidental, siglos más tarde, Marx le daría un giro de 180 grados, alegando que la sociedad occidental capitalista, presuntamente racional y secular, había convertido a las mercancías en fetiche. ¿Y qué tiene que ver todo esto con la austeridad?

En los años 70 y 80, con la consolidación del neoliberalismo como ideología hegemónica, y luego en la década de 2010, la austeridad –es decir, la idea de recortar el gasto como fin en sí mismo, aún a costa de la inversión social– fue presentada como la única política económica racional. De ahí que los defensores de la tesis de la austeridad, como los colonos portugueses en África, acusaran a los promotores del Estado de bienestar –el Estado que garantiza derechos sociales mediante el gasto público– de adorar falsos dioses. Pero, como la sociedad capitalista a los ojos de Marx, ignoraron que eran ellos quienes veneraban un fetiche: la austeridad. A la larga, como sugiere el historiador económico Peter Lindert en Growing Public, las políticas sociales que redistribuyen el ingreso no necesariamente frenan el crecimiento e incluso pueden llegar a favorecerlo.

Abelardo de la Espriella llegó al poder pregonando, con el fervor de los ascetas, el dogma de la austeridad, repitiendo las consignas de uno de sus santos de devoción: Javier Milei. Para nombrar tan solo un ejemplo, el Presupuesto General de la Nación presentado por el gobierno de De la Espriella, si bien aumenta el monto total, prevé un recorte de 7,62 billones al presupuesto para la paz, lo que representa una reducción del 37 %. Para colmo, la coalición de gobierno, liderada por Salvación Nacional –herederos del laureanismo, otra falsa religión–, presentó un proyecto de ley que pretende quitarle 170.000 millones de pesos al sistema de justicia transicional. En conjunto, los recortes dejan al Estado maniatado para cumplir con compromisos constitucionales en temas como acceso y formalización de tierras, transformación social de los territorios, reincorporación de excombatientes, sustitución de cultivos ilícitos y participación política. De entrada, no cumplir con sus propios compromisos convierte al Estado en un actor poco confiable a la hora de negociar con grupos armados. Y todo mientras que el gobierno de De la Espriella promueve una Ley de sometimiento a la justicia para bandas criminales. ¿Quién va a confiar en un Estado que no cumple su palabra? Peor aún, los recortes ponen en jaque el derecho de las víctimas a la verdad y la reparación, a la vez que suponen una sentencia para el desarrollo rural en los territorios más golpeados por la guerra, una de las raíces del conflicto armado. Por eso, la austeridad con respecto a la paz es una forma de perpetuar la guerra.

El argumento principal del gobierno es que los tiempos fiscales no lo permiten. Pero De la Espriella tiene a su favor una aplanadora legislativa para sacar adelante la reforma tributaria que se le antoje. Tampoco es cierto, como tanto se alega, que en el país no haya margen para subir impuestos. Colombia recauda alrededor del 20 % del PIB mientras que los países de la OCDE, en promedio, recaudan alrededor del 34 %. ¿No se supone que es a estos países que queremos parecernos? Lo cierto es que con tal de predicar la austeridad, los apóstoles de este dogma están dispuestos a mantenernos en el rezago.

santiago.vargas.acebedo@gmail.com

Santiago Vargas Acebedo

Por Santiago Vargas Acebedo

Sociólogo y arquitecto que investiga la interacción entre la cultura y la política. Es candidato a doctorado en Sociología por la Universidad de Cambridge, tiene una maestría en Cultura y Sociedad de la London School of Economics y un pregrado en arquitectura de la Universidad de los Andes. Ha publicado ensayos, cuentos y columnas en medios.
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Comentarios
  • Jesús Antonio(k5lrf)•Hace 9 horas
    Estos columnistas del espectador hablan con una candidez de caperucita azul..jajajaja pues claro que el matagatos tiene el congreso que necesita..pero no para aprobar reformas que beneficien a la población… Ni tontos que fueran … Es para saquear al estado y devolver lo poco que se haya avanzado… Ud piensa que los abelardistas lo leen? Y van a tomar nota jajajaja que estupidez …escriba algo más serio
  • Oscar(36876)•Hace 9 horas
    Bajo esa óptica , el petrismo es un fetiche. La austeridad que se propone es para recortar la vagabundería y corrupcion del gobierno Petro.
  • Carlos Federico(ar680)•Hace 11 horas
    Extrema incoherencia. No le aprobaban el presupuesto propuesto por Petro porque supuestamente era demasiada burocracia y derroche, ahora, ADLE requiere un presupuesto superior, en 60 billones, al propuesto por Petro y adicionalmente recorta gastos de funcionamiento e inversión. Dónde está la austeridad?
  • Lucila(60806)•Hace 11 horas
    Como serâ de malo este ADE,que da pesar que comparen a Duque con êl….. siendo Duque remalo.
  • Jaime Andrés(21029)•Hace 12 horas
    Una corrección Santiago, el estado colombiano recauda solo el 20% pero por la informalidad, pero la tasa de tributacion esta en mas del 30%, no confundas las cosas; y en cuanto al gasto social si es necesario pero no como Petro que lo hizo fue en funcionamiento, segunda corrección
  • Mario Giraldo(196)•Hace 13 horas
    ABE disfruta hoy la mejor economía que hemos tenido en 40 años. ABE no es ningún tonto y sabe que plata hay, y se la va a gastar TODA. El parecido con Duque cada vez es mas cercano, al menos el otro tocaba guitarra….
  • bernardo(19305)•Hace 14 horas
    La redistribución y hasta el asistencialismo pueden favorecer el crecimiento, pero deben ser complementadas con acciones sólidas de fortalecimiento de la economía. En el gobierno anterior haber nombrado un delincuente presidente de Ecopetrol fué el peor atentado contra la posibilidad del estado para favorecer a la población vulnerable. El cuento que Petro favoreció a los pobres es un fetiche.

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