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Hace una semana hablé sobre fascismo, que se cierne sobre nosotros como una tormenta. Conté cómo Naomi Klein y Astra Taylor argumentan que se mueve en espiral, “como un tornado”, y no en línea recta ni en círculo (y que nos lleva a lugares que parecen conocidos pero que en el fondo son distintos). El peso acumulado del pasado choca de frente con hechos nuevos e imprevisibles, y cada giro empuja en otra dirección. Las autoras dicen que el fascismo se ha ido transformando a la par de nuestra sociedad y los que hoy promueven su agenda actúan más como emprendedores que buscan su propio beneficio que como los militantes de antaño. La jerarquía en la que más creen es la que pone a los muy ricos por encima de todos los demás, una especie de selección de los más aptos para hacer plata, según las reglas del mercado. “No se parece al fascismo del pasado”, escriben, “se parece al presente frenético, siempre conectado, que nunca deja de monetizar y está infestado de bots”.
Cómo no pensar en nuestro presidente. Tan conectado, tan online, tan monetizado. Tiene (en Instagram) una línea de cajas fuertes de lujo (La Espriella Luxury Safes). Tiene “De La Espriella Style” marca de camisas, pañuelos, corbatas y blazers. Tiene Ron Defensor, producido en Panamá y Vino Fratellone, hecho en sus predios italianos. Tiene unos tenis Nike intervenidos a mano por el artista Perrograff con la figura de un tigre, símbolo de su persona, a un precio de cinco millones de pesos. Tiene el reloj Tigris, que presentó en redes como una edición limitada de nueve piezas numeradas.
Klein y Taylor describen cómo los aliados del fascismo en Estados Unidos (como Peter Thiel) parten de una lectura distorsionada de Albert Hirschman para defender “la salida” o la idea de que quienes tienen plata pueden desentenderse de sus deberes como ciudadanos, en especial de pagar impuestos que consideran una carga. En Colombia no son solo los aliados sino el propio mandatario quien intenta esquivar impuestos. La revista Cambio lo puso en evidencia al revisar su declaración de bienes como presidente. Para el año gravable 2024 esta no mencionaba a su cónyuge, la primera dama Ana Lucía Pineda, ni bienes a su nombre, participaciones en sociedades ni inversiones en Colombia o afuera.
En el caso gringo, las escritoras cuentan que Trump no les prometió a sus votantes un futuro de florecimiento sino “remezclas de una vuelta al pasado, junto con los placeres sádicos de dominar a un conjunto cada vez más amplio de unos otros (enemigos) deshumanizados”. Trump se ha dedicado a producir un flujo constante de propaganda, real y creada con inteligencia artificial, con el único fin de ofrecer ese placer casi “pornográfico”. Circulan videos de inmigrantes encadenados mientras los suben a aviones de deportación, con el ruido de cadenas como banda sonora. Están también las fotos de la exfuncionaria Kristi Noem a caballo patrullando la frontera con México frente a una celda llena de hombres pobres desnudos en El Salvador o con una ametralladora durante el arresto de inmigrantes en Arizona. Elon Musk, amigo de Trump, ya dijo que la empatía es “la debilidad fundamental de la civilización occidental”. En Colombia no hemos estado lejos de esa pornografía de la crueldad. El 2 de septiembre, el presidente, que anda con revólver en cintura, compartió un video en el que camina entre bolsas blancas 23 cuerpos de “presuntos disidentes de las FARC”. Según Medicina Legal, seis menores murieron en las tres operaciones aéreas ordenadas durante el primer mes de su gobierno.
Al comienzo del gobierno de Trump, el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), liderado por Musk, se presentó como un esfuerzo por hacer más eficiente el Estado. Para Klein y Taylor, los jóvenes blanquísimos que trabajaron en DOGE podrían recordar a los Chicago Boys (economistas formados en Chicago que diseñaron la terapia de choque económico de la dictadura de Pinochet en Chile). Pero, nos advierten, no estamos ante la vieja alianza entre neoliberalismo y neoconservadurismo. Vivimos “una nueva tendencia que rinde culto al dinero y que dice que hay que destrozar la burocracia y reemplazar a los humanos por chatbots". En Colombia ocurre algo parecido. Lo que tenemos enfrente no es ninguno de los Pastranas, ni Uribe ni el ahora DJ Iván Duque. Es De la Espriella, quizá, más peligroso pero, como los otros, será resistido.
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Atenas(06773)•Hace 1 hora¡Plop!, q’ Tati hable sobre cualquier cosa no es extraño, pa eso le sirve este desacreditado espacio, el q’ nadie cita ni pone de referente, pero q’ crea q’ xq’ “lo dice” lo suyo es verdad monda y lironda, media mucho, mucho trecho; y es motivo de risa tal despliegue de conocimiento q’ le encanta exhibir hoy en tiempos de la IA q’ de fortuna dejó por fuera del ring a tan enciclopédic@s opinadorcit@s como ella a la q’ no hay asunto q’ le quede grande.Y con el triunfo de ADLE se desbocó.Atenas