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9 Jan 2022 - 5:00 a. m.

En el nombre del padre

En la última columna que publiqué en el 2021, se analizó la desconocida evidencia del magnicidio del profesor Jorge Adolfo Freytter Romero, crimen declarado de lesa humanidad y perpetrado por ordenes del exjefe paramilitar Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40.

Ese crimen de Estado se realizó en confabulación con miembros del Gaula, funcionarios estatales, narcos y empresarios financiadores. Nada mejor que empezar el 2022 con una investigación sobre el hijo de dicho paramilitar, su inscripción en campaña para quedarse con una de las curules de víctimas en el Congreso y cómo funcionarios del gobierno, autoridades y empresarios de la zona le está ayudando con contratos y presiones para lograrlo.

Una historia que demuestra que todo se renueva, pero lastimosamente poco cambia.

Jorge Rodrigo Tovar Vélez, o Yoyo como le dicen sus amigos en Valledupar, se declara víctima de la guerra y se define como una persona de reconciliación para llegar a la curul de paz. Pero su discurso no convence a víctimas en la Sierra Nevada y Serranía del Perijá, circunscripción que cubre seis municipios del Cesar, cuatro del Magdalena y tres de La Guajira. Por el contrario, su presencia genera todo menos sentimientos de reconciliación.

Vamos por partes.

En julio de 2019, llegó a la dirección territorial de la Unidad de Víctimas, en Cesar y La Guajira, el señor Víctor Hugo Mosquera. Mosquera había sido candidato por el Centro Democrático a la Cámara de Representantes en las elecciones anteriores al Congreso, y una de sus primeras acciones al frente de la unidad fue trasladar las oficinas a una sede en Valledupar.

Como lo denunció el periodista Sebastián Forero de El Espectador, la Unidad de Víctimas en Cesar y La Guajira firmó un nuevo contrato de arrendamiento a finales de 2019 para unas oficinas en la Calle 16B #12 – 96 de Valledupar.

Ahí viene lo interesante. El arrendatario del bien fue el Grupo Majusa S.A.S., administrador de varias propiedades, entre ellas el edificio de la sociedad San Martín Ltda., cuyos accionistas son Ana Carolina Vélez Salgado, madre de Yoyo Tovar y esposa de Jorge 40, y su abuela Rosario Salgado de Vélez. (Ver Contrato)

Vaya, vaya, vaya.

Así, el director territorial puso a funcionar la Unidad de Víctimas, pagando un alto canon de arrendamiento de $236 millones de pesos en una propiedad que históricamente ha sido de la familia de uno de los jefes paramilitares más sanguinarios de las AUC. Algo irónico y descarado, por decir lo menos.

El joven Tovar no aparece como accionista de la afortunada sociedad arrendataria. Pero en una de las juntas de la sociedad celebrada en 2017, Yoyo actuó como secretario. Entonces no es que sea lejano del para-inmueble. Para-nada.

Pero no para ahí.

Varias denuncias de personas locales establecen que el señor Víctor Hugo Mosquera sostiene constantemente que los guerrilleros no pueden apropiarse de esas curules de paz, y “les ha sugerido fuertemente a varias personas apoyar la candidatura de Yoyo Tovar a esa circunscripción especial”.

Los testimonios y denuncias locales establecen que las entregas de las indemnizaciones a las víctimas por parte del director Víctor Hugo Mosquera son siempre incómodas y estresantes. El director asiste personalmente a esas jornadas y las utiliza para generar lealtades personales y crear presiones políticas encaminadas a votar por Yoyo Tovar. También por el actual representante a la Cámara y ahora candidato al senado por el Centro Democrático, Juan Manuel Daza.

El tema es tan descarado que el director Mosquera ha publicado en sus redes sociales sus simpatías por esos candidatos tal y como lo publicó la nota periodística de El Espectador.

La historia de Yoyo Tovar y Víctor Hugo Mosquera empezó cuando el primero fue nombrado en el Ministerio del Interior como asesor coordinador de la Unidad de Víctimas por el gobierno del presidente Iván Duque. Algo que generó fuertes críticas, además de señalamientos sobre el presunto uso de la entidad pública para catapultarlo en la escena política y darle reconocimiento nacional.

Todos estos elementos recuerdan los episodios de los paramilitares presionando en las zonas que controlaban para que los votantes eligieran a los candidatos que ellos apoyaban, un elemento del escándalo bien conocido como la parapolítica.

Este nuevo escándalo se podría conocer como “la victipolítica”, ya que la Unidad de Víctimas está presionando y haciendo campaña entre las víctimas en pro de un hijo de uno de los mayores victimarios de la historia del país. Situación en la que antes tocaba encomendarse en el padre, ahora en el hijo, y después solo quedará el espíritu santo. Amén.

@yohirakerman; akermancolumnista@gmail.com

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