EL rugir de los “ismos”

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Quizás por estos días de cuarentena es más recomendable para la salud mental avizorar el mundo desde la ventana o el balcón de la casa que encender el tubo o “surfear” las redes. Obviamente esto no cambiara un panorama que se ve desolador en un mundo que se descose por acción de un ser nanoscópico, una geopolítica brutal y un liderazgo fallido, aunque aparecen las islas que dan algo de esperanza.

A la humanidad siempre le ha costado reaccionar a “sorpresas estratégicas”: eventos imprevistos, cataclismicos, que generan conmoción generalizada, sacuden los cimientos del orden mundial y sacan lo mejor y lo peor del ser humano y de los Estados, cuyo comportamiento en ocasiones no difiere del del homo sapiens.

Tras la irrupción de la COVID-19 hace unos meses, nacionalismo, autoritarismo, racismo, populismo, antisemitismo y oportunismo, se elevan por encima de una humanidad aporreada por diversas crisis, en cabeza de líderes que fungen como salvadores, disfrazando sus debilidades con elocuente e irresponsable retórica, no perdiendo la oportunidad de sacar provecho de la situación para sus propios designios.

A un mundo que ya venia azotado por guerras comerciales, competencia entre las potencias, conflictos religiosos, parálisis de los organismos multilaterales, autoritarismos recargados, falta de consensos sobre lo esencial, calles alabastradas y polarización social, le aparece el coronavirus como la “madre de todas las plagas”, matando a centenares de miles y desbarajustando aún más el precario equilibrio geopolítico y social.

La confrontación entre China y Estados Unidos se acrecienta con el paso de los días pudiendo llegar a un punto de no retorno. El golpe de mano a Hong Kong por parte de Beijing, la caída del acuerdo comercial entre los dos países firmado hace apenas unos meses, el siempre espinoso tema de Taiwán, las acusaciones mutuas por la propagación del virus, no auguran un mundo armónico post corona. Entre tanto Estados Unidos en medio de una campaña electoral, arde con la centenaria herida del racismo nunca cicatrizada y una virulenta polarización política , limitando su ya descolorido rol de líder del “mundo libre”.

Una vez pase la pandemia, ¿en manos de quién quedará la asignatura de reconstruir el mundo? ¿De la triada Trump, Putin, Xi?, ¿o de aquellos líderes que han brillado en el manejo de la crisis de la corona: Merkel, Ardern, Trudeau, etc. pero que no tienen el poder de las armas, los misiles y las ojivas?

Con el nacionalismo exacerbado, las fronteras entre los Estados selladas, la aparición de “burbujas virtuosas”, la economía en cuidados intensivos o feneciendo, el protagonismo recargado del Estado y el accionar de los gobiernos limitando de manera significativa la libertad de sus “súbditos”, el panorama no parece apto para establecer los mecanismos globales de colaboración requeridos para salir adelante, lo que sea que esto signifique.

Queda esperar que como ha sucedido en el pasado la humanidad como colectivo sea mas que la suma de sus partes.

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