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Hay acontecimientos que parecen exigir solemnidad: una elección presidencial, la designación de un papa, un terremoto, un magnicidio, una guerra… Sin embargo, incluso en esos momentos siempre aparece una figura dispuesta a recordarnos que el poder también puede ser observado con distancia, cuestionado, puesto en perspectiva y, sobre todo, ridiculizado: la caricatura. A esa forma potente de comunicación le hemos dedicado el primer Salón Internacional de Caricatura, abierto al público desde hoy hasta el 25 de septiembre, de 5 a 8 p. m., en el Gimnasio Moderno.
Los ejemplos del impacto de la caricatura abundan en la historia de Colombia. En 1929, Ricardo Rendón sintetizó en unos cuantos trazos los exhaustivos informes que denunciaban la responsabilidad del presidente Miguel Abadía Méndez en la Masacre de las Bananeras. Pero sin ir tan lejos, en días recientes, generó malestar un dibujo de Vladdo que muestra al presidente Abelardo de la Espriella caminando entre cadáveres. Lleva el título “La foto de una derrota”. ¿Por qué despertó polémica una ilustración inspirada en una foto que el propio Gobierno había difundido? Un dibujo puede alterar el significado de una escena, poner en evidencia sus contradicciones o revelar lecturas que el discurso oficial preferiría dejar al margen. La caricatura cumple una función singular dentro del periodismo. Recurre a la exageración, la analogía, la ironía y el simbolismo para condensar en una imagen lo que a veces requiere páginas enteras de explicación.
En El Espectador nos sentimos orgullosos de ser, desde nuestros inicios, casa de caricaturistas. Son parte esencial de la identidad de este diario. ¿Podría alguien imaginarse este periódico sin los Rasgos y rasguños del maestro Héctor Osuna, quien ha registrado la realidad nacional desde 1959? Si algo de estos artistas merece reconocimiento es su extraordinaria constancia. En el Salón Internacional de Caricatura haremos un homenaje a Consuelo Lago, creadora de la entrañable Nieves. Desde 1975, un personaje que ya forma parte de la cultura colombiana ha sido compañía de nuestros lectores con una mirada crítica, aguda y reconocible.
Un lugar especial corresponde a José Alberto Martínez, Betto. Comenzó ilustrando artículos en este diario y terminó convirtiéndose en docente de caricatura y una voz propia dentro de El Espectador y el dibujo colombiano. Con siluetas en blanco y negro –en la técnica de negativo– y una notable capacidad de síntesis, logró comunicar emociones, reflexiones y preguntas sin necesidad de una sola frase. Falleció en 2024, pero su legado permanece vigente. Este primer Salón de Caricatura está inspirado en su trabajo. Por eso hemos convocado a caricaturistas de Colombia y del mundo a asumir el desafío que Betto convirtió en una voz propia: prescindir de las palabras.
La caricatura puede considerarse una antecesora del meme contemporáneo. Comparte con él la capacidad de transmitir ideas fácilmente comprensibles de forma rápida, directa y masiva. Sabemos que las caricaturas generan desacuerdos, polémicas e incluso indignación. También sabemos que, a lo largo de la historia, algunas han sido utilizadas para la burla o la agresión. Nada de ello disminuye su relevancia. Más bien confirma su potencia.
Mientras existan sociedades democráticas, necesitaremos lápices afilados capaces de cuestionar las certezas y desafiar las solemnidades. La caricatura ha cumplido esa tarea durante generaciones. Y seguirá haciéndolo.
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Wilson(f5y1z)•Hace 2 horasHoy el Espectador se presta para adular como caja de resonancia a este gobierno, aun le queda unos pocos columnistas que se atreven a opinar de una manera crítica y por eso me llama la atención leer “…incomodar es el punto”, porque de esto muy poco. De hecho, NO MENCIONA nada sobre el actuar del gobierno de manera explícita, se va por las “ramas”. Esta viviendo del pasado, hace bien en recordarlo porque el presente se ha quedado en un “espectador” más.
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Carlos Federico(ar680)•Hace 4 horasNo se dirá nada sobre el despido de Vladdo ordenado por Abelardo, la censura a la caricatura crítica …?