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31 Mar 2022 - 5:00 a. m.

Claro que los hipopótamos son invasores

El debate ha sido secuestrado por el populismo y los argumentos morales, cuando la realidad de una especie invasora es clara. / Fotografía: Felipe Villegas - Instituto Humboldt
El debate ha sido secuestrado por el populismo y los argumentos morales, cuando la realidad de una especie invasora es clara. / Fotografía: Felipe Villegas - Instituto Humboldt
Foto: Felipe Villegas - Instituto Humboldt

Por supuesto que los hipopótamos que hay en Colombia son una especie exótica invasora. Por fin el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible oficializó la declaratoria de estos animales como tales, algo que ha debido hacerse hace décadas y que en los últimos años se convirtió en un debate lleno de populismo, irresponsabilidad y soluciones utópicas. La siguiente gran discusión es cómo enfrentar la invasión, pero lo que tenemos claro es que no podemos permitir que se sigan reproduciendo de manera indiscriminada, alterando los ecosistemas, creando un riesgo para otros animales, que de por sí ya están en peligro, y amenazando a los humanos.

Ha sido muy complicado dar este debate. De hecho, en las pasadas elecciones legislativas los hipopótamos y qué hacer con ellos se convirtió en un punto álgido de campaña, con promesas magníficas de santuarios para protegerlos e intercambios irresponsables de epítetos entre animalistas y biólogos. En un momento, un candidato de los que proponía el santuario acusó a la contraparte de tener la misma ideología que Pablo Escobar. Lo mencionamos porque esa ha sido la degradación del debate: gritos, estigmatización y acusación, cuando la realidad es mucho más compleja.

Esto es lo que sabemos: Pablo Escobar trajo un macho y tres hembras al país, que se han reproducido a lo largo de los años, y ya son 133. Eso es una amenaza para el ecosistema, los humanos y los animales nativos. Como escribieron los biólogos Nataly Castelblanco-Martínez y Jorge W. Moreno-Bernal en Razón Pública: “Casi la mitad son hembras que podrían ser gestantes en los próximos cinco años y machos que podrían experimentar un peligroso aumento de agresividad característico de la pubertad de su especie. Y si no hacemos nada, se estima que en 2030, alrededor de 500 hipopótamos podrían invadir la cuenca del Magdalena. Un estudio realizado en 2020 encontró que el oxígeno, la composición y los microorganismos del agua se han visto alterados por la presencia de estos mamíferos”.

Los procesos de esterilización son muy costosos y crear un santuario, con este nivel de dispersión, es complejo. Quienes abogan por la protección de los hipopótamos, con base en un argumento moral que es bastante persuasivo en el debate público, evitan mencionar que hacerlo no solo es muy poco plausible desde un punto de vista logístico, sino que la inacción va a permitir que se sigan afectando los ecosistemas naturales de los que viven otro montón de animales y de los que dependen los humanos.

Sería ideal una solución que implicase preservar a todos los involucrados, pero el problema es complejo y requiere tomar decisiones que son difíciles en el debate a nivel nacional. Es lo que ocurre con las especies invasoras, y más cuando su presencia en un ecosistema se sale de control. Ya lo hemos visto con las otras experiencias análogas que ha tenido Colombia. Los hipopótamos son seres grandes, agresivos y disruptores. La política pública que se adopte debe responder al sentido común y escuchar lo que los biólogos llevan diciendo todo este tiempo.

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