Con portazos a la paz no se honra a las víctimas

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Resulta lamentable que para conmemorar el abominable y estúpido ataque del Eln contra la Escuela de Cadetes General Santander esta semana hace dos años, el Gobierno colombiano y sus áulicos hayan escogido aferrarse a los estertores pre-mórtem del gobierno Trump para lanzar una andanada contra el gobierno cubano que, sin negar las reservas profundas que mantenemos sobre su forma dictatorial de gobierno, no ha sido más que un compañero juicioso de Colombia en sus intentos por traer la paz. Quizás esto despierte apoyo popular como señal de que no se olvidará semejante atrocidad, pero nos parece más bien una paupérrima manera de honrar la vida de esos 22 muertos y tantas otras víctimas.

Sí, coincidimos con el alto comisionado de Paz, Miguel Ceballos, cuando afirma que “quien dinamitó cualquier posibilidad de diálogo con el Eln fue el propio Eln con el asesinato de los 22 cadetes de la Escuela General Santander”. En su momento, desde estas páginas apoyamos la decisión del presidente Duque de levantar la mesa de conversaciones. En eso no puede haber discusión: el Eln dio un portazo a la posibilidad de paz y es el principal culpable de que se hayan roto las posibilidades de negociar una salida pacífica. Y, sin embargo, aunque “se necesiten dos para bailar un tango”, conviene tener a la mano la lista de reproducción para que pueda haber baile.

Por eso resulta tan deplorable esta renovada insistencia en que Cuba viole el protocolo de ruptura -que fue acordado con el Estado colombiano y demás garantes para que fuera sede de los diálogos- y extradite a los negociadores del Eln, bajo la peregrina tesis de que no hacerlo es un “acto hostil”. Una tesis que nadie en la comunidad internacional comparte, salvo -¿a alguien extraña?- el sepultado gobierno de Donald Trump en los Estados Unidos, que antes de pasar al olvido decidió designar a Cuba como “Estado patrocinador del terrorismo”.

Animados por esta decisión y por la publicación en Semana de un informe oficial interno -que si no lo fuera parecería más una caricatura- llamado “Estrategia de injerencia cubana en asuntos de independencia y soberanía de Colombia”, el partido de gobierno se animó a plantear incluso un rompimiento de relaciones con Cuba, en despedida de despecho a su norte en política exterior. Y el Gobierno Nacional creyó también que la mejor manera de conmemorar el doloroso atentado del Eln era avivar ese fuego y esa añoranza. Todo, mientras Estados Unidos transfería el poder al presidente Joe Biden, quien, como vicepresidente de Obama, fue instrumental en restablecer las relaciones con la isla, en buena medida por el papel determinante que cumplió Cuba para que fuera posible el Acuerdo de Paz en Colombia. ¡Visionario!

No somos ingenuos. La diplomacia cubana es muy activa en todo el mundo en defensa de su revolución y no está de más que la inteligencia colombiana esté pendiente de sus movimientos por si llegaran a entrar en actividades realmente inamistosas. Pero las elucubraciones contenidas en el documento filtrado no son un apoyo al terrorismo. Menos aún, cumplir unos protocolos que la obligan. Y no, tampoco es arrinconando a Cuba como se honra a las víctimas del Eln. A ellas, y a todas, se las honra de verdad trabajando porque cese la guerra que produce actos perversos como ese atentado a la Escuela de Cadetes General Santander, que a todos todavía nos duele, y no cerrando las puertas por completo a que ese fin sea posible.

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