Educación virtual para rato

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Esta semana regresaron los estudiantes de colegio a continuar desde la virtualidad su año académico. Las noticias no son buenas. Dado que todavía estamos esperando a que pase lo peor, y que varias ciudades del país están en riesgo de ver colapsar sus sistemas de salud, enviar a los niños, niñas y adolescentes a los colegios sería crear focos peligrosos de contagio y de difusión del COVID-19. Lo problemático es que las desigualdades que se han denunciado siguen sin ser resueltas, con muchas familias y maestros dudando sobre si es posible garantizar la calidad de la educación en medio del distanciamiento social. Colombia necesita más esfuerzos para aliviar la tensión de todos los involucrados, pues la pandemia nos encontró con muchos atrasos difíciles de corregir de forma rápida.

El contraste es diciente. En Estados Unidos, líder en contagios y en muertes por COVID-19, hay una pugna entre las autoridades federales y locales por los colegios. El vicepresidente Mike Pence dijo esta semana que no quería que los niños se vieran afectados por culpa de los epidemiólogos. Así va el discurso negacionista: como no pudieron controlar el problema, están negando que tengan que enfrentarlo. Pero los resultados son evidentes. El riesgo no solo es para los menores, sino para sus familiares que están en contacto con ellos. Volvemos y volvemos a la misma realidad: la única manera de evitar una tragedia es limitar, en la medida de lo posible, las aglomeraciones presenciales.

Por fortuna, en Colombia las autoridades han sido más sensatas. Una frase de Edna Bonilla, secretaria de Educación de Bogotá, debe quedar grabada en las mentes de padres, educadores y estudiantes: “A mediano plazo no se tiene previsto volver a los colegios”. No es seguro y Colombia está caminando muy cerca del abismo gracias al aumento de contagios en las últimas semanas. Ya varias asociaciones médicas, incluso, han pedido al Gobierno que nos regrese a la cuarentena estricta y el Ministerio de Salud aceptó que estaremos enfrentando el problema por lo menos hasta diciembre, un estimado bastante optimista.

La virtualidad, sin embargo, no es alivio para muchos hogares. Hay falta de recursos, poca conectividad y ausencia de capacitación, tanto para alumnos como para maestros que tienen que adaptarse a dar clases a distancia. Es una transformación que no puede forzarse ni apresurarse. Por eso necesitamos más respuestas desde los gobiernos locales y el nacional.

El Distrito anunció que comprará 100.000 tabletas con el fin de priorizar la atención de los 124.000 menores de edad que han focalizado ante el riesgo de deserción, pues hasta el momento 208 instituciones han realizado préstamo de equipos a estudiantes y educadores (5.024 equipos prestados). Los bogotanos pueden participar en la donatón que se está realizando de tecnología para dotar a los estudiantes de escasos recursos. También dio una cifra interesante: se han matriculado 3.976 niños a los colegios públicos durante los últimos meses. Eso indica que, en medio del hambre y el desempleo, los programas de alimentos escolares se están convirtiendo en un alivio y un incentivo para la escolarización. Ahí hay otra pista para los tomadores de decisiones: los colombianos están pidiendo con urgencia salvavidas, porque los que se han implementado no son suficientes.

Todas las tensiones que vimos en estos meses seguirán aumentando con el tiempo. Los colegios y la educación están en el centro de esa situación. No los podemos descuidar.

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