El delirio de armar a Colombia

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El debate sobre la tenencia de armas en Colombia está radicado en un mundo de fantasía. Para quienes proponen eliminar la prohibición, el argumento parece ser sencillo: si hay más personas armadas, estas pueden ejercer el derecho a la legítima defensa, lo que a su vez reduce la inseguridad. Se trata, sin embargo, de un espejismo no en poca medida alimentado por las obras de ficción donde los pistoleros valientes son los héroes. La realidad es mucho más cruda. En los países donde la tenencia de armas está permitida, como Estados Unidos, esto no ha reducido los crímenes; por el contrario, ha aumentado el horror de las masacres cometidas. Además, son múltiples los casos donde el ejercicio de la “legítima defensa” produce extralimitaciones. En otros casos, la tenencia legal termina siendo un mecanismo que amarra a las autoridades y fomenta los mercados ilegales. Por donde se le mire, eliminar la prohibición es una muy mala idea.

Uno esperaría que la historia violenta de Colombia fuera suficiente para querer consolidar la tenencia de las armas en el Estado y prohibir cualquier porte que no sea excepcionalmente necesario. Sin embargo, cada tanto, especialmente cuando las cifras de inseguridad aumentan, surgen las voces que piden que dejen a los colombianos armarse. ¿Qué podría salir mal?, parecen preguntar. Bueno, de hecho, muchas cosas podrían salir mal.

Un informe realizado por la Cámara de Comercio de Bogotá y la Fundación Ideas para la Paz fue contundente en sus conclusiones. Estudiando la prohibición total del porte de armas durante la administración de Gustavo Petro en la capital, el informe cuenta que “los resultados demuestran que la restricción al porte de armas permanente reduce de forma contundente la letalidad, en tanto que los homicidios disminuyen, así como los otros delitos cometidos con arma de fuego”. Es decir, la medida funciona para lo que pretende: que no se puedan cometer delitos con las armas de fuego. Si eso es un objetivo loable, ¿por qué echar para atrás la prohibición? ¿Qué dirán cuando aumenten los casos de homicidios y hurtos con armas?

En el mismo informe, el análisis concluye que “es importante que las siguientes administraciones de la ciudad propendan por mantener una restricción permanente al porte de armas. Este tipo de restricciones muestran disminuciones en los homicidios y el uso de armas de fuego en la comisión de otros delitos”. Lo mismo, agregamos nosotros, debe aplicarse en el resto del país.

Mientras tanto, eliminar la prohibición es crear varios problemas. Para empezar, hay un problema como el mercado de armas. Como explica en La Silla Vacía Manuela Suárez Rueda, investigadora en temas de seguridad, “no hay información suficiente y disponible que permita entender cómo funciona su cadena y comportamiento económico, ni en el caso del mercado legal ni del ilegal. Sin información resulta muy difícil proponer y tomar medidas efectivas sobre su control”. Si a eso le sumamos la entrada de nuevas armas legales, seguimos complejizando la labor de las autoridades.

Nos quedamos con otros datos de Suárez: “Somos el quinto país en el mundo en donde más se asocia el uso de armas de fuego a la muerte de civiles, en donde más de 8.000 personas son asesinadas con armas de fuego al año, en donde más de 9.000 hurtos se cometen haciendo uso de estas armas”. Ese es el país al que los atacantes de la prohibición quieren introducir más armas.

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