El ocaso de un rey emérito

Noticias destacadas de Editorial

El anuncio del rey emérito de España, Juan Carlos I, de abandonar el país para evitar que los graves señalamientos que lo afectan pongan en peligro la estabilidad de la monarquía es lo correcto. Con causas abiertas en Suiza y España y sin imputación formal en su contra, Juan Carlos marca una clara distancia con el jefe de Estado, su hijo Felipe VI. Eso le permite a Felipe continuar con el manejo de los asuntos de Estado, ahora sin esta incómoda sombra en su espalda. De otro lado, se demuestra que en España, como en cualquier democracia operante, nadie, ni siquiera un exmonarca, puede estar por encima de la ley.

Para el actual rey, la presencia de su padre era insostenible. Los escándalos desde que Juan Carlos decidió abandonar el trono, hace seis años, le han generado demasiados problemas a la Corona. De allí que Felipe VI haya consensuado con el rey emérito y con el gobierno la decisión, para que “desde la tranquilidad y el sosiego” pueda continuar con sus labores como jefe de Estado. Felipe ha permitido que Juan Carlos I mantenga su título honorífico de rey, contrario a lo que sucedió con su hermana Cristina, a quien despojó de sus títulos y beneficios, luego del escándalo que se generó con el caso Urdangarin, en el cual se vio envuelto el esposo de ella.

De unos hechos menos palaciegos, como sus reiteradas infidelidades, el rey emérito pasó a un problema mayor inaceptable: la comisión de un posible delito tras recibir dinero proveniente de la monarquía saudí. De momento, los posibles hechos delictivos serían blanqueo de capitales y delito fiscal, por no haber pagado impuestos sobre los mismos y haber depositado la suma recibida en Suiza. En la carta que le dirige a su hijo, Felipe VI, reitera en que estará “a disposición” de la Fiscalía.

A pesar de no estar imputado formalmente en dos casos abiertos, hay demasiados indicios que lo señalan. El antecedente inmediato fue el anuncio de su última amante, la princesa alemana Corinna Larsen, hace un año, de hacer pública su relación con Juan Carlos I si no se llegaba a un acuerdo por su silencio, lo que fue considerado como un chantaje por Felipe VI. Hace un par de meses Larsen demostró ante las autoridades suizas que el rey emérito le donó US$65 millones, que provendrían del rey Abdullah Bin Abdulaziz. Para desmarcarse del escándalo, Felipe suspendió hace unos meses los cerca de 200.000 euros que recibía su padre de la casa real. De igual manera, renunció a cualquier participación que le pudiera corresponder a futuro en una eventual herencia.

El reino de España es un referente obligado de estabilidad democrática. Esta crisis no tiene por qué afectar su gobernabilidad. La monarquía, en cabeza de Juan Carlos I, apuntaló una transición ejemplar luego de la dictadura franquista. Entendió que la historia moderna del país debería asimilarse a la realidad europea y así lo hizo como garante de la Constitución. Su hijo, Felipe VI, ha demostrado, desde que asumió el trono en 2014, que cuenta con el talante apropiado para mantener esta tradición. Mientras el pueblo español no decida lo contrario, a pesar de la válida aspiración de quienes desean el retorno a la república, España continuará siendo una monarquía constitucional.

Con respecto a Juan Carlos I, la historia será la encargada de evaluar su legado como monarca, con todas sus luces y sombras, tanto su defensa de la democracia ante el golpe de Tejero el 23-F como su muy activa figuración para asegurar el posicionamiento del país en el escenario internacional y su cercanía con América Latina. Fue, de lejos, el mejor embajador de España en el mundo. Infortunadamente en la última década, en especial en estos últimos años, ha tenido que lidiar con una serie de escándalos que se suceden uno tras otro y por los cuales debe responder. Felipe VI debe continuar obrando con el tino y la certeza que lo caracterizan mientras los tribunales deciden sobre el futuro de su padre.

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a elespectadoropinion@gmail.com.

Nota del director. Necesitamos de lectores como usted para seguir haciendo un periodismo independiente y de calidad. Por favor, considere adquirir una suscripción digital y apostémosle al poder de la palabra.

Comparte en redes: