El vergonzoso escándalo del Santa Fe

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El Espectador tuvo acceso a una denuncia hecha el 1º de febrero de este año, un día después de que el Independiente Santa Fe quedara campeón de la Superliga, la cual corresponde a una situación terrible y que no puede tomarse a la ligera. Durante cinco meses, una presunta violación en grupo que involucra a jugadores de ese equipo se mantuvo en silencio y, una vez conocido el escándalo, la reacción de todos los involucrados ha sido vergonzante.

Una trabajadora sexual denunció que fue contratada por un jugador del Santa Fe para celebrar la victoria de ese equipo. Después de tener relaciones con él, otro jugador le ofreció dinero a cambio de hacer lo mismo. Ella accedió, pero cuando se encontraban intimando, otros seis jugadores entraron con la intención de tener relaciones con ella. Aunque ella se negó, ellos procedieron a accederla carnalmente, lo que comúnmente se conoce como violación. Su testimonio es escalofriante: “Me cogían fácil, como un muñeco, me volteaban de todas las formas (...) y cada uno lo hizo conmigo. Yo no quería, pero no me dejaban ir”.

Lo extraño es que después de la denuncia no se volvió a saber del caso. Según información que todavía no está clara, hubo de por medio un acuerdo económico a cambio del silencio. Sin embargo, el punto esencial es el siguiente: ¿cómo es posible que un hecho tan nefasto como este se presente y los involucrados sientan que pueden pasar de agache?

Es inevitable pensar en todos los prejuicios que median el entendimiento de las personas sobre este tema. Como se trató de una trabajadora sexual, hay quienes creen que no tenía derecho a negarse a los actos, o que en ese tipo de relación no puede existir violación, o que es una persona que no es de fiar. Esas posiciones no sólo son erradas, sino que promueven ideas perversas dentro de una cultura machista tóxica. Todas las mujeres, incluyendo a las trabajadoras sexuales, pueden negar, en cualquier momento, un acto sexual. Quienes las obliguen e ignoren sus deseos deben ser juzgados y sancionados.

Cuando se dio a conocer la noticia, la Fiscalía dijo que seguía investigando los hechos. Extraño: ¿por qué, entonces, en cinco meses no ha tomado siquiera testimonios? En cualquier caso, esperamos que el ente investigador pueda esclarecer lo que ocurrió y explicarle al país quiénes fueron los involucrados. Es necesario, más aún en esta Colombia donde cada media hora una mujer es víctima de un acto sexual violento y la abrumadora mayoría de esas situaciones se quedan en la impunidad.

Renglón aparte merece la respuesta del equipo. En un comunicado argumentó que “las acciones de las personas son individuales y la responsabilidad de hechos por fuera de la ley es personal”, y prometió seguir enfocado en “la consecución de logros deportivos”. Es decir, no sólo se lava las manos sin vergüenza, sino que abandona su responsabilidad social. ¿Acaso el fútbol sólo se trata de conseguir títulos?

Los futbolistas y, sobre todo, los equipos son símbolos culturales; su significado va más allá de los triunfos deportivos. Sobre ellos recae la admiración de los jóvenes colombianos. Por eso, su responsabilidad social es mayor y están llamados a dar ejemplo. Si el Santa Fe, como dice su comunicado (no sin condescendencia), considera que “la mujer (es) el ser más sagrado del universo”, ¿no merecería entonces que la denuncia de una mujer desatara una investigación interna y transparente del club, que tiene acceso a los jugadores? Tan cómodo decir que las responsabilidades son personales y que se atienen a lo que diga la justicia. Enfrentados a una posibilidad de demostrar su compromiso con el respeto de la mujer, eligieron el peor curso de acción. Ante esa falta de altura moral, poco aportan los títulos deportivos.

También son extrañas las críticas de los hinchas que consideraron la publicación de esta información como un ataque al club. Es mezquina esa manía de rodear a los “ídolos” siempre que hay denuncias en su contra, como ha pasado tantas veces en el país y en el mundo. No se trata de prejuzgar, por supuesto, pero sí de exigir investigaciones con resultados. ¿O es que le perdonamos todo a alguien sólo porque es bueno con un balón? Esa pregunta les dejamos a todos los involucrados.

 

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