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19 Oct 2022 - 5:00 a. m.

Es necesario proteger a Ecopetrol

En tiempos de crisis, el Gobierno no puede sabotear el ancla que le ha dado cierta estabilidad al país ante las dificultades fiscales.
En tiempos de crisis, el Gobierno no puede sabotear el ancla que le ha dado cierta estabilidad al país ante las dificultades fiscales.
Foto: EL ESPECTADOR - CRISTIAN GARAVITO

El Gobierno de Gustavo Petro está en riesgo de quedarse sin el pan y sin el queso. La insistencia del Ministerio de Minas y Energía y del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de impulsar la suspensión absoluta de los futuros contratos de exploración de gas y petróleo está condenando a Ecopetrol, la empresa más grande del país, y no va a servir para potenciar la transición energética. Sin los recursos de Ecopetrol, el Gobierno no podrá impulsar sus loables propósitos sociales ni tampoco financiar la difícil transformación de la matriz energética nacional. Es momento de la sensatez y de mensajes claros desde el presidente, que hasta ahora ha dejado que los ministros se contradigan entre sí.

Entendemos que Gustavo Petro fue elegido para llevar a Colombia hacia una transformación energética. Ese objetivo lo hemos celebrado en este espacio, como cuando apoyamos los proyectos de energías renovables que impulsó el gobierno anterior. Es necesario que Colombia esté a la vanguardia de la sostenibilidad energética y ambiental, y que la ambición del mandatario no se vea frustrada. Eso nadie lo discute. El problema es que las señales desde la Casa de Nariño no dan cuenta de las necesidades fiscales de un país que, entre otras cosas, tendrá que enfrentarse a una recesión global el año entrante.

Suspender los futuros contratos de petróleo y gas es un anuncio rimbombante, pero que nos estrella con una realidad innegable: Colombia no tiene cómo sustituir los ingresos que esos proyectos generan para el país. No solo es un tema de perder soberanía energética al tener que importar gas de países inestables como Venezuela, sino que amenaza directamente las finanzas de un Estado que quiere combatir el hambre e impulsar grandes inversiones en infraestructura. Esto es lo que sabe el Ministerio de Hacienda, aunque no lo haya dicho aún de manera pública: necesitamos un Ecopetrol fuerte para enfrentar la crisis. Y eso, por lo menos en la próxima década, implica seguir extrayendo petróleo y gas.

En su discurso de triunfo, el presidente Petro habló de desarrollar el capitalismo para traer a Colombia al siglo XXI. Ese es un reconocimiento de que no tenemos la capacidad instalada para hacer una transición energética inmediata. En cambio, lo que sí puede hacerse, como está sucediendo, por ejemplo, en Estados Unidos, es utilizar los recursos de los combustibles fósiles para transformar el país. No estamos diciendo que se debe abortar la revolución energética propuesta, la necesitamos, pero sí que se diseñe e implemente una estrategia y unos plazos razonables que, sobre todo, protejan a Ecopetrol, que con inteligencia se puede ir transformando para que siga siendo un valor para toda Colombia. Marchitar la empresa ni es una opción ni ayudaría en nada a la revolución anhelada.

En tiempos de crisis, el Gobierno no puede sabotear el ancla que le ha dado cierta estabilidad al país ante las dificultades fiscales. Es momento de ser pragmáticos. Si el presidente invierte de manera visionaria los ingresos del extractivismo, habrá ayudado a transformar a Colombia. Si, en cambio, permite que Ecopetrol entre en dificultades, verá cómo sus promesas se quedarán sin el combustible necesario.

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