El expresidente de la República, Andrés Pastrana, ha respondido con molestia a las preguntas surgidas a propósito de la publicación de los correos del criminal Jeffrey Epstein. Si bien su hostilidad es comprensible al verse conectado a uno de los peores casos de pedofilia y tráfico de menores de edad en el planeta, sería útil para Colombia y para él mismo que, como primer mandatario que fue del país, cumpliera con su deber de transparencia ante todos los cuestionamientos que surjan a propósito del desempeño de sus funciones. Las tácticas de acoso judicial y de responder con cuentagotas no son las más adecuadas para un escándalo de tanta gravedad y que interesa al país entero. Expresidente, es momento de contar su versión de manera completa y, sí, responder contrapreguntas de los periodistas que están investigando lo ocurrido, así como a las autoridades que revisen el asunto.
No hay hasta el momento ninguna evidencia que enlace al expresidente con los delitos principales de Epstein. Por eso, la ligereza con la que se trata el tema en redes sociales es preocupante y contraproducente. Sin embargo, eso no significa que la información publicada no sea suficiente para plantear serios cuestionamientos sobre la manera en que Pastrana administró los recursos públicos durante su paso por la Casa de Nariño. En otros países los correos de Epstein sirvieron para iniciar investigaciones por delitos no relacionados con pedofilia, como ocurrió en Reino Unido, donde el príncipe Andrés está siendo investigado por abusar de su posición de poder público para filtrar información confidencial. Entonces, incluso si el expresidente colombiano no tiene nada que ver con los delitos sexuales, su falta de respuestas a otras preguntas es decepcionante.
En los correos de Ghislaine Maxwell, así como en las declaraciones que ha hecho en el marco de procesos judiciales, la mano derecha de Epstein habló de una relación muy cercana con el expresidente Pastrana. En particular, llaman la atención las fotografías de Maxwell con indumentaria de la Fuerza Aérea Colombiana, así como su versión de haber volado un Black Hawk en Colombia y haber disparado contra grupos insurgentes. Cuestionado sobre esto por la columnista de El Espectador, Ana Cristina Restrepo, el expresidente respondió: “La foto que menciona es siendo yo presidente. Dentro de la estrategia del Plan Colombia invitamos a muchos inversionistas, políticos y empresarios a visitar nuestro país. Fue en Tolemaida, junio o julio de 2002, al final del gobierno”. Eso solo lleva a más preguntas: ¿era práctica común permitir viajes en Black Hawk a personas invitadas al país?, ¿y por qué habla de disparar?, ¿cuánto dinero público se invirtió en esa estrategia?, ¿por qué Maxwell y Epstein eran importantes para Colombia?
No son los únicos interrogantes. Sobre el viaje que el expresidente Pastrana aceptó haber realizado en el avión privado de Epstein, el país también necesita conocer por qué se llevó a cabo, con qué propósito y en qué momento. ¿La invitación de Maxwell a Colombia fue antes o fue después? Comprenderá el expresidente que hay preguntas sobre conflictos de interés, así como sobre el relacionamiento entre servidores públicos y el sector privado.
El día de ayer, un grupo de periodistas y activistas, todas mujeres, publicaron una carta pidiéndole al expresidente Pastrana que responda más abiertamente a los interrogantes. Tienen razón. La hostilidad funciona en la arena política, pero al momento de rendir cuentas a los colombianos la actitud de un expresidente debe ser de mesura, apertura y diálogo. Para que todos entendamos qué ocurrió y para que el mismo expresidente tenga la oportunidad de mostrar lo que él llama un comportamiento idóneo, es momento de la transparencia.
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