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14 Oct 2014 - 3:41 a. m.

Hay Evo para rato

Evo Morales, el sindicalista cocalero que llegó al poder en 2006, fue reelegido el domingo.

El Espectador

 Arrasó virtualmente en todo el país, con cerca del 60% de los votos a su favor. Incluso Santa Cruz, el pujante bastión empresarial que le fue frontalmente adverso en sus inicios, se plegó al candidato del Movimiento al Socialismo, MAS. El buen momento de la economía, la gestión a favor de los menos favorecidos y una oposición atomizada explican su triunfo. Sin embargo, no todo ha sido un jardín de rosas.

El vuelco que ha dado Bolivia en los últimos ocho años ha sido evidente. Cuando Evo llegó al Palacio Quemado, en La Paz, el ambiente de confrontación social auguraba una nueva época de inestabilidad para el país. Los pueblos indígenas, tradicionalmente olvidados a pesar de ser mayoría, no sólo han tenido mayor visibilidad política sino que comenzaron a recibir, vía programas asistenciales, beneficios económicos directos. Siguiendo el ejemplo de Venezuela se instauraron, entre otros, el llamado bono Juana Azurduy, dirigido a mujeres o madres de niños menores de dos años, y el Seguro de Salud para Madres y Niños, Sumi, mediante el cual se atiende a los hijos hasta los cinco años. También sobresale la masiva campaña de alfabetización durante su primer mandato.

Para lograrlo ha contado con una bonanza derivada de los altos precios del gas, el petróleo y otros recursos naturales. De hecho, Bolivia ha tenido un alto nivel de crecimiento en los últimos años, con tasas que rondan el 5% anual, lo que ha sido aprovechado por el gobierno de izquierda que tomó medidas radicales en materia económica no exentas de polémica. En 2006 estatizó los recursos hidrocarburíferos, lo que le generó serios problemas con algunos países afectados por la medida, para salir airoso del trance. De igual manera adelantó un importante programa de distribución y titulación de tierras a campesinos e indígenas en condición de pobreza.

En lo político, las cosas no han sido sencillas. En 2008, Morales salió airoso de un referéndum con el 67% de los votos. Tras cerca de tres años de tire y afloje, y a pesar de haber sido aprobada en diciembre de 2007, tan sólo en 2009 se ratificó mediante referendo una nueva Constitución. También tuvo que lidiar con un movimiento independentista en algunos departamentos, en especial Santa Cruz. Luego de una abierta confrontación, con protestas callejeras, muertos y heridos de por medio, se llegó a un acuerdo, incluso en lo económico, pues el Gobierno aceptó una propuesta del empresariado cruceño que ha dado muy buenos frutos. Los recientes resultados electorales así lo ratifican. Sin embargo, persisten críticas de la oposición al estilo autoritario del presidente.

Así las cosas, el momento político, económico y social juega a favor de Evo. Sin embargo, los retos que lo esperan no son sencillos. Según sus opositores, el haber centrado la actual prosperidad en los inciertos ingresos de los recursos energéticos puede resultar ser un cuchillo de doble filo en la medida en que puedan bajar a mediano plazo. De otro lado, aún con cifras tangenciales, no está claro si el MAS va a controlar la Asamblea Legislativa Plurinacional, pues de las 166 curules el oficialismo necesita 111, es decir, 87 diputados y 24 senadores. A pesar de que todo indica que mantendrá el Senado, le estarían faltando cuatro escaños para retener la mayoría en la Cámara. Si no los logra, tendrá que hacer alianzas con algunos de los partidos minoritarios, lo que implica entrar en un escenario de negociación.

En los próximos cinco años, como se ve, los retos no son sencillos. Hay que mantener la buena salud de la economía y buscar la concertación con la oposición, lo que puede ser un buen escenario para limar asperezas con algunos de los sectores que estuvieron representados por cuatro candidatos derrotados. De esta manera podrá alejar el fantasma del autoritarismo y seguir construyendo una Bolivia incluyente. En sus manos está hacerlo.

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