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La bioética frente a los retos de la vida moderna

¿CUÁLES SON LOS RETOS QUE LA HUMANIdad enfrentará en el siglo XXI y cuál debe ser la respuesta de la humanidad para garantizar su supervivencia?

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El Espectador
12 de septiembre de 2008 - 09:08 p. m.
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Esto, ni más ni menos, fue lo que estuvieron discutiendo esta semana en Bogotá los ponentes y asistentes al Congreso de Bioética, organizado por el Ministerio de la Protección Social y el Centro Nacional de Bioética, Cenalbe, con el apoyo académico de la Universidad Militar Nueva Granada, la Universidad del Rosario y Analbe.

Estuvieron en Corferias, sin mayor atención mediática, más de 15 investigadores extranjeros (de Europa, Estados Unidos y América Latina) y 35 investigadores colombianos (de diferentes instituciones y centros de investigación públicos y privados), así como más de 600 personas de las más disímiles disciplinas con un interés común: la vida justa y digna para todos en medio de las grandes transformaciones de la vida moderna.

Estudios de prospectiva realizados, entre otros, por la Unesco, revelan un futuro lleno de posibilidades, pero también de riesgos. De una parte está el gran desarrollo biotecnológico en los campos de la salud humana, la vida animal y vegetal, así como de las ciencias de la informática y la comunicación; pero a la vez se presenta un panorama de empeoramiento de las condiciones de iniquidad en el acceso a la satisfacción de las necesidades básicas como el agua, la alimentación, la vivienda, la salud y el trabajo para las dos terceras partes de la humanidad; se observará el recrudecimiento de los fenómenos de migración acompañados de la xenofobia; la polarización de los conflictos de origen étnico o religioso; el calentamiento global acompañado de la extinción de especies como en ningún otro período de la historia; la consolidación de un modelo económico globalizado que ofrecerá sus ventajas a una minoría, condenando a la exclusión a una inmensa mayoría.

Ante este panorama, la sociedad civil mundializada debe reorientar sus valores y procurar un desarrollo justo, equitativo, fundamentado en el respeto a los derechos humanos. Es en este espacio que la bioética, puente entre las ciencias y las humanidades, tiene un rol fundamental: su carácter multidisciplinario y transdisciplinario permite el análisis crítico de las situaciones que amenazan la vida del hombre y el planeta, desde una visión secular que integra las distintas ideologías, creencias y religiones, para encontrar soluciones que, de manera responsable con estas y las futuras generaciones, propendan por la vida.

 Cada uno de nosotros debe comprender que los desafíos humanos son ciertamente planetarios, que no somos los dueños y señores del universo, sino todo lo contrario: somos los copilotos de un proceso de miles de millones de años en que la vida se ha hecho presente. No sólo tenemos que afrontar los desafíos planetarios, sino que además lo tenemos que hacer, como dice el Nobel de Química Ilya Prigogine, en la perspectiva de una “escucha poética de la naturaleza”. Este nuevo “ethos” o ciudadanía terrenal, nos puede posibilitar el desarrollo de nuevas estrategias cognitivas, establecer nuevas sinergias (integraciones) entre los hombres y mujeres con todos los sistemas vivos de los que dependemos y hacemos parte. En síntesis, la bioética, nos permite la toma de conciencia de una nueva manera de habitar la Tierra.

Es importante, pues, tomarse de vez en cuando el tiempo para hacer una pausa y revisar los retos que nos plantean las grandes transformaciones de la humanidad, como ha sucedido esta semana en el Congreso de Bioética. Y en ese sentido sería importante que este tipo de reflexiones tuviera mayor visibilidad para que la bioética pueda salir de la academia, de los comités, y hacer parte de la educación de todos nosotros, de tal manera que nos permita abordar responsablemente nuestro papel de ciudadanos que cuidan de los otros ciudadanos.

Por El Espectador

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