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La diplomacia y las tensiones frente a Ucrania

09 de diciembre de 2021 – 12:00 a. m.
Biden promete fuerte respuesta contra Rusia si atacan Ucrania
«Biden fue muy explícito al advertir que Estados Unidos no observará impasible una invasión rusa a su vecino, y Putin, por su parte, dijo que no desea hacerlo. ¿Cómo creerle en medio de las crecientes tensiones generadas ante el despliegue bélico que Moscú ha llevado a cabo en las últimas semanas en la frontera con Ucrania?» / Foto: AFP
Foto: AFP - MIKHAIL METZEL

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La amenaza de una invasión rusa sobre Ucrania llevó el martes a una urgente conversación entre los presidentes Vladimir Putin y Joe Biden, en la cual el diálogo directo buscó alejar el fantasma de una acción militar de Moscú, frente al anuncio de fuertes sanciones de occidente si esta se llegara a producir. Biden fue muy explícito al advertir que Estados Unidos no observará impasible una invasión rusa a su vecino, y Putin, por su parte, dijo que no desea hacerlo. ¿Cómo creerle en medio de las crecientes tensiones generadas ante el despliegue bélico que Moscú ha llevado a cabo en las últimas semanas en la frontera con Ucrania?

Putin ha demostrado ser un maestro en el ajedrez político mundial y debe haber sopesado cada una de sus movidas recientes, entre ellas la de ubicar cerca de 100.000 soldados en su frontera con Ucrania, número que podría casi duplicarse en un mes. Washington teme que, en caso de seguir adelante con sus planes guerreristas, el ataque se produciría en enero, salvo que haya garantías suficientes de que el gobierno de Kiev no hará parte de la Unión Europea ni de la OTAN, lo que, al parecer, sería lo que busca Putin. Al menos por ahora. Esta escalada debería cesar y abrir paso a una franca negociación diplomática que envuelva a todas las partes involucradas y con todas las cartas sobre la mesa.

En la geopolítica de la Europa oriental, el autócrata ruso está reviviendo una situación similar a la de la época de la Guerra Fría, en la cual se arroga el derecho de poner bajo su control a los países limítrofes para evitar junto a su frontera límites con Estados que hagan parte de la Unión Europea o, peor, que sean miembros de la OTAN. En 2014, como reacción al hecho de que los ucranianos depusieron a su presidente prorruso, Moscú tomó y se anexó la península de Crimea, al sur de Ucrania, y los separatistas respaldados por Rusia capturaron grandes extensiones de los territorios orientales de Ucrania conocidos como Dombás, Donetsk y Lugansk. Las sanciones que le impuso occidente afectaron la economía rusa, pero el beneficio obtenido por Putin parece haber sido mayor. Ahora, él apuesta fuerte de nuevo, con movidas simultáneas en las que espera obtener beneficios concretos, atendiendo a las reacciones en Bruselas y Washington.

El nacionalismo ha sido un buen argumento para autócratas como el líder ruso. Tiene, además, la llave del suministro de gas para Europa, en especial para países como Alemania, con los cuales está construyendo el Nord-Stream II, un extenso gasoducto con el que la empresa estatal GasProm atiende las urgentes necesidades de los países comunitarios con invierno de por medio. A pesar de que ambas partes pueden perder en esta ruleta rusa, la pregunta es cuál de los jugadores tiene más que perder o ganar. Todo indica que Putin es el mayor experto en este tipo de juego.

¿Está dispuesto occidente a entregar Ucrania o permitir una nueva desmembración de su territorio, entregando Donetsk y Lugansk a Moscú, que ya ha concedido pasaporte ruso a buena parte de sus habitantes? Para lograrlo, cuenta con el apoyo del otro autócrata regional, Víctor Lukashenko en Bielorrusia, que ha estado jugando completamente alineado con el Kremlin y quien ya reconoció la independencia de dichos territorios. El tiempo, en este caso, corre a favor de Putin, en especial el fuerte invierno que ya comenzó a azotar la región. La amenaza de fuertes sanciones, que podrían agravar la situación económica en Rusia debe ser un elemento que está balanceando de manera significativa el autócrata ruso para la decisión final que tome.

Mientras esta situación se desarrolla, China y Turquía observan con cuidado su resultado, en la medida en que tienen situaciones similares en sus territorios y esperan el desenlace de la fuerte apuesta rusa. La única salida viable tiene que ser mediante la negociación diplomática. El mundo no está para juegos bélicos.

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