¿Llegó la hora de la regulación de las plataformas?

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Después de años y años de crecimiento sin cortapisas y de la construcción de un imperio de monopolios, las cuatro grandes empresas de tecnología estadounidenses están empezando, por fin, a ser cuestionadas. Esta semana, las cabezas de Apple, Google, Facebook y Amazon tuvieron que testificar ante un comité de la Cámara de Representantes de EE. UU. Mientras tanto, Australia, el Reino Unido y Europa han anunciado una serie de nuevas regulaciones para romper las prácticas anticompetitivas, la evasión de impuestos y la actitud caprichosa que estas empresas han venido adoptando gracias a su creciente poderío. Ya es hora de que el mundo enfrente a estas multinacionales que operan como supra-Estados y están creando un mundo donde solo ellas puedan existir.

Es poco probable que Estados Unidos, bajo la legislación actual, pueda hacerles mella a las ambiciones de las empresas tecnológicas. La desregulación que durante décadas ha garantizado a ese país ha ocasionado que, en la práctica, sea muy difícil romper los monopolios, aumentar los impuestos o generar algún tipo de responsabilidad por los malos usos de las plataformas digitales. Sin embargo, el miércoles, representantes de los demócratas y los republicanos se aseguraron de mostrarles a los directores de las cuatro empresas tecnológicas más importantes del mundo que hay un descontento creciente por sus malas prácticas.

“Como las guardianas de la economía digital, estas plataformas tienen el poder de elegir quiénes ganan y quiénes pierden, aplastar a las empresas pequeñas y enriquecerse mientras asfixian a sus competidoras. Nuestros fundadores no se arrodillaron ante un rey. Nosotros no deberíamos arrodillarnos ante los emperadores de la economía en línea”, dijo David Cicilline, demócrata y miembro del Comité Judicial de la Cámara de Representantes.

No son palabras exageradas. Estas cuatro empresas, que están avaluadas en más de US$500.000 millones, tienen el control sobre la búsqueda en internet, las redes sociales y de comunicación más empleadas, los celulares más usados, las compras electrónicas, la publicidad y un creciente número de sectores. Allí donde surge la competencia, ellas aparecen para aplastarla. Sus algoritmos, que son creados sin transparencia alguna, afectan elecciones y deciden qué ven y qué no los ciudadanos digitales. Además, hasta ahora, ninguna de esas empresas ha mostrado genuina preocupación por los efectos negativos que pueden causar.

Por eso, Australia está preparando una ley que las obligaría a negociar, en igualdad de condiciones, con los medios de comunicación de ese país antes de modificar el algoritmo que, en la práctica, ha quebrado el modelo de muchas empresas periodísticas. Europa ha propuesto nueve leyes, entre las que se encuentran medidas para que estas multinacionales paguen impuestos en los países donde hagan sus ventas y no puedan privilegiar sus productos sobre los de la competencia. El Reino Unido dijo que “hemos cruzado una línea” y que es necesaria una regulación.

Son buenas noticias, pero la presión para evitar cualquier regulación ya se está ejerciendo. Es un buen momento para que los ciudadanos del mundo hagan valer sus derechos digitales, antes de que sea demasiado tarde.

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