Los parecidos de Xi Jinping y Donald Trump

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Siguen asfixiando a Hong Kong. Utilizando el pretexto de la preocupación por el COVID-19, Carrie Lam, directora ejecutiva de la isla, quien ha sido denunciada por su cercanía con el Partido Comunista Chino, acaba de utilizar sus poderes de emergencia para posponer durante un año las elecciones legislativas que se iban a celebrar el próximo 6 de septiembre. Se trata de un golpe más a los sueños de democracia y autodeterminación, después de la aprobación de una ley de seguridad donde cualquier tipo de disenso hacia la dictadura comunista es visto como acto de terrorismo. El mundo no puede guardar silencio ante el progresivo silenciamiento de quienes no quieren vivir bajo la influencia perversa de Xi Jinping y sus aliados.

“La decisión de posponer la elección no tiene nada que ver con la política”, dijo Lam, “no tiene nada que ver con el resultado de los comicios. Simplemente se sustenta en la necesidad de proteger la salud y la seguridad de la gente de Hong Kong”. Sin embargo, hay suficientes motivos para dudar de la sinceridad de esas palabras. La ley de seguridad, que ve la democracia como un discurso terrorista, ha renovado las protestas en contra de la influencia del Partido Comunista en la isla. Hace apenas seis meses, el movimiento prodemocracia tuvo una victoria abrumadora en las urnas, pasando de 124 a 388 puestos en los consejos distritales, tomando control de 17 de los 18. Todas las expectativas apuntaban a que la oposición tuviese otro gran triunfo en las elecciones legislativas.

La supresión del disenso no termina ahí. Hace apenas una semana se supo que la autoridad electoral prohibió la inscripción de 12 candidatos de la oposición. También fueron arrestados cuatro estudiantes, proponentes de la independencia, por publicaciones que hicieron en redes sociales. Tenemos que insistir una y mil veces: las dictaduras tienen egos frágiles que no admiten ningún tipo de crítica. Eso es lo que estamos viendo en la isla.

Dentro del rechazo internacional al aplazamiento de las elecciones, hubo una declaración que debería recibir más atención. El secretario de Estado de los Estados Unidos, Mike Pompeo, dijo que las elecciones “deben realizarse. Los ciudadanos de Hong Kong merecen tener su voz representada por oficiales elegidos por ellos. Si destruyen eso, será otra muestra de que el Partido Comunista Chino ha convertido a Hong Kong en otra ciudad dirigida por los comunistas”.

Pompeo, por supuesto, tiene razón. Sin embargo, es un contraste con lo que su jefe, Donald Trump, dijo en su cuenta de Twitter: “¿Aplazamos la elección hasta que la gente pueda votar de manera segura y adecuada?”. No se refería a Hong Kong, sino a las elecciones presidenciales del próximo noviembre en su país, que muestran a Trump perdiendo la reelección ante el candidato demócrata, Joe Biden. Una pregunta para el secretario de Estado y para todos los que han sido cómplices de los delirios autoritarios trumpianos: ¿qué muestra ese tuit? ¿Qué diferencia hay entre las razones de Trump y las de Lam en Hong Kong?

Donald Trump y Xi Jinping se encuentran en una guerra fría internacional, pero ambos se parecen en lo esencial: sus rasgos autoritarios, su desdén hacia el disenso y su interés por perpetuarse en el poder termina acercándolos. Hong Kong sufre el desmantelamiento de su democracia y Trump da muestras de que le encantaría poder hacer lo mismo. Tenemos que defender la democracia, en la isla, en Estados Unidos y en todo el mundo.

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