El presidente de la República, Abelardo de la Espriella, y dos de sus ministras, Ilva Myriam Hoyos, en Educación, y Paola Holguín, en Cultura, están cometiendo un acto de deshonestidad intelectual con el país. En medio de su “batalla cultural” han dicho, palabras más, palabras menos, que su único objetivo es evitar que tanto la cultura como la educación se utilicen como instrumentos de adoctrinamiento ideológico. Lo que no cuentan, y esta es la falta a la verdad que cometen, es que su propio proyecto es uno de adoctrinamiento ideológico, donde se pretende imponer una visión única sobre Colombia, sus ciudadanos y sus expresiones culturales. ¿No se suponía que esta Presidencia iba a representar a todos los colombianos, incluyendo los que no votaron por el proyecto del presidente?
En un mensaje a la nación, el presidente De la Espriella, utilizando las mismas estrategias populistas de la ultraderecha global, le declaró la guerra al “wokismo”. Según el mandatario, “la cultura no puede seguir utilizándose como instrumento de la ideología. El Estado tiene el deber moral, insoslayable y político de impedir que los espacios culturales sean captados por el socialcomunismo ateo y enemigo de los valores fundamentales sobre los cuales se erige la nación de Colombia”. Es decir: no queremos que la cultura sea un instrumento de ideología, así que es menester que todos acepten la ideología que el Gobierno defiende. La contradicción es evidente, pero sabemos que el objetivo es dar golpes políticos.
Por eso ocurrió el retiro de obras del Museo Nacional. La ministra de Cultura, Paola Holguín, quien desde que llegó al cargo ha mostrado su falta de experiencia en el sector, escribió en X que la vocación institucional del Museo Nacional “no consiste en servir como instrumento de adoctrinamiento político, foco de difusión de versiones sesgadas de nuestra historia, ni mucho menos en medio multiplicador de la agenda gubernamental”. Por eso, promete garantizar “que el Museo Nacional conserve, restaure, proteja y divulgue nuestra cultura. Una cultura que represente a toda la nación y no solo a un sector; por eso reiteramos la revisión de la museografía, museología y curaduría de este y los demás museos a cargo del Gobierno”. ¿Acaso existe una única cultura que es capaz de representar al país entero? ¿No somos, más bien, una Colombia diversa, llena de distintas expresiones culturales y de posturas que se encuentran a lo largo de todo el espectro ideológico? Al hablar de una sola cultura se está imponiendo una visión particular. Otra vez el Gobierno hace lo que supuestamente denuncia.
Las exclusiones son muy dicientes. Las obras retiradas del Museo Nacional tienen arte hecho por personas LGBTI+, así como conquistas históricas ligadas a la Constitución de 1991 y un reconocimiento al aniquilamiento de quien ha pensado distinto. Eso es lo que, a los ojos de Holguín, busca difundir una visión sesgada. No es coincidencia que la ministra Hoyos, en Educación, esté denunciando la política de educación sexual y derechos reproductivos, y en el pasado haya anunciado una cruzada contra la “ideología de género”. Se disfrazan bajo el argumento de libertad y autonomía, pero lo que buscan es coartar la libertad de los colombianos, contar una versión limitada de la historia nacional e imponer una moral con claras raíces ideológicas.
Por eso todo este debate es tan frustrante. Además de querer excluir del Estado y de los relatos oficiales a buena parte del país, las ministras y el presidente se presentan a sí mismos como carentes de ideología, meros justicieros de la “verdad”. ¿Qué tal si abandonan esa máscara y reconocen que solo quieren que se cuente la versión de la historia que les sirve en sus objetivos políticos?
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