No dejen apagar la marihuana recreativa

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Colombia tiene una oportunidad. Puede sacudirse los prejuicios, dejar a un lado las herencias conservadoras basadas en mentiras, escuchar a la ciencia y a los economistas, y abrirle la puerta a la legalización de la marihuana recreativa. Al hacerlo, puede estar a la altura de varios lugares del mundo donde han visto los impuestos subir, controlar el consumo, mejorar la educación y, en general, encontrar que la legalización no es el apocalipsis, sino un necesario reconocimiento de las libertades individuales.

Por más que haya gritos y desinformación, el debate en torno a esto parece saldado. ¿Quiere tratar mejor la adicción a las drogas? Entonces es preferible un ambiente regulado. ¿En verdad quiere atacar el microtráfico y los mercados ilegales? Qué mejor manera que con la legalización y la utilización de una normativa efectiva. ¿Desea que haya campañas para desincentivar el consumo? Imaginen lo que se puede hacer con la plata de impuestos, similar a lo que ocurre con el tabaco y el alcohol. ¿Cree que la marihuana es particularmente dañina? Los estudios científicos demuestran lo contrario: de hecho, consumirla evita que la gente siga con otro tipo de drogas. ¿Quiere fomentar la economía nacional, que está en un momento difícil gracias a la pandemia? Incentive la economía verde.

Durante muchos años, impulsada desde Estados Unidos, se vendió la idea de la guerra contra las drogas con un montón de propaganda que, al día de hoy, sigue teniendo efectos. En la mente de muchos colombianos la idea del consumidor de marihuana está llena de prejuicios que no son ciertos. La realidad es clara. Quienes consumen ocasionalmente marihuana no son más violentos, sí son funcionales y llevan vidas ejemplares. Hay que perderle el miedo.

Además, después de años y años de especulación, tenemos pruebas de otros países. Los estados que han legalizado la marihuana en Estados Unidos han visto un boom de emprendimientos, un aumento en el recaudo de impuestos, una disminución en los arrestos y mejores condiciones para acompañar los casos de adicción. Ahí está, el país que inició la guerra contra las drogas va encaminado a la legalización y ya ha dado pasos agigantados. ¿Colombia se va a quedar atrás?

Porque estamos hablando, ante todo, de un buen negocio. Un producto bien hecho, con normas claras que permitan luchar contra la desigualdad, puede empoderar a los pequeños cultivadores y fomentar el campo colombiano. La modernidad nos está ofreciendo un cambio de paradigma que puede fortalecer a Colombia hacia el futuro.

Por eso es una buena noticia que, por un voto, el proyecto de regulación del cannabis recreativo haya avanzado en el Congreso. Aunque, claro, no se pueden tener muchas esperanzas: en total, la iniciativa necesita sobrevivir a ocho debates para ser aprobada y en el parlamento siguen los prejuicios irreflexivos.

¿Cómo desanudar esta conversación? Invitamos a los senadores conservadores a que se sienten con expertos, se salgan de su burbuja epistémica y vean que todas sus preocupaciones pueden atenderse en una Colombia con buena regulación. No dejemos morir este proyecto.

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