No es exageración, no podemos descuidarnos

Noticias destacadas de Editorial

Hay gruñidos de protesta entre los colombianos por el aplazamiento un mes más del aislamiento preventivo obligatorio. Reclaman y ven con malos ojos las cuarentenas estrictas que algunas ciudades han tenido que adoptar. Sin embargo, y pese a que el cansancio es comprensible, deben entender que estamos en un momento crítico. Para esto nos preparamos y ahora hay que sobrevivir a la tormenta.

Quienes se sienten hastiados de la cuarentena deberían tomarse un momento para escuchar a los médicos. Aquí traemos un ejemplo. El Hospital Universitario Erasmo Meoz, de Cúcuta, colapsó. Esa palabra es muy grande, pero esconde una serie de terrores: no hay oxígeno, relajantes musculares ni camas de unidades de cuidados intensivos para ningún paciente. Como explicó Tonino Botta, director del hospital, en RCN Radio, “ha sido una semana muy difícil, tengo a dos anestesiólogos, al jefe de área de servicios y a un médico de urgencias de la institución que son portadores de COVID-19 y se encuentran hospitalizados, y lo más triste: la muerte del jefe de mantenimiento, se trata del ingeniero Rafael Sánchez”.

Lo frustrante es que, pese a eso, las personas en Cúcuta siguen saliendo sin tapabocas, irrespetando la cuarentena, creyendo que el contagio es inocuo. El número creciente de hospitalizaciones debería ser suficiente señal de alerta para despertar la solidaridad de todos.

No es cuestión de una sola ciudad. Los testimonios del desespero se ven en los focos de contagio del país. Antioquia tuvo que decretar la alerta roja por el número de camas de cuidados intensivos que están ocupadas. “Cuando me preguntan: ¿ya pasamos la parte maluca?, la respuesta es no. Pasaremos momentos difíciles, que nos tocará conjuntamente afrontar y tendremos tareas de la ocupación de esas camas y en los cierres”, dijo Leopoldo Giraldo, gerente del COVID-19 en ese departamento.

Aunque la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, felicitó la disciplina de los ciudadanos, la ocupación de las camas de cuidados intensivos sigue en una cifra muy alta. Son varias las voces de médicos que denuncian hospitales colapsados o al borde de estarlo.

Todo esto ocurre cuando nos acercamos al primer gran pico de contagios y, sí, de muertos. Si nos descuidamos, si no respetamos las normas, si no usamos tapabocas ni guardamos el distanciamiento social, se puede generar una reacción en cadena de tragedia tras tragedia. No es exageración, es lo que ocurrió en otros países. Es momento de resistir.

También debemos entender que, mientras no haya vacuna y a medida que sigamos reactivando las economías, es probable que vengan otros picos, o que la situación no tenga un alivio inmediato. Entonces, es probable que sigan siendo necesarias medidas de restricción a la movilidad que fomenten el aislamiento. ¿Es extenuante? Por supuesto. Pero desde el principio supimos que el reto iba a ser de largo aliento.

Colombia lo ha hecho bien, pero el número de muertes diarias por COVID-19 ya es equivalente a que se cayera un avión por día. No podemos permitir que se banalice ese dolor ni que se subestimen los efectos del virus.

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a elespectadoropinion@gmail.com.

Nota del director. Necesitamos de lectores como usted para seguir haciendo un periodismo independiente y de calidad. Por favor, considere adquirir una suscripción digital y apostémosle al poder de la palabra.

Comparte en redes: