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29 Nov 2022 - 5:00 a. m.

No es momento ya de poner reversa en el metro de Bogotá

El presidente debería aprovechar que en Bogotá hay una alcaldesa que busca construir sobre lo construido, para no seguir dilatando procesos necesarios para la ciudad.
El presidente debería aprovechar que en Bogotá hay una alcaldesa que busca construir sobre lo construido, para no seguir dilatando procesos necesarios para la ciudad.
Foto: Mauricio Alvarado

Bogotá necesita un metro cuanto antes. Suena obvio, pues ha salido en periódicos desde hace décadas, cuando los gobernantes de turno han prometido que, ahora sí, la capital iniciaría la construcción del metro. Sin embargo, tenemos que repetir ese principio básico, porque, justo cuando por fin parecía que estábamos listos para empezar obras del metro elevado por la Caracas y que entraría en operación para 2028, reaparecieron las dudas. Pese a que ya está contratado, el presidente de la República, Gustavo Petro, le pidió a China que evaluara la posibilidad de hacerlo subterráneo, Ahora el exalcalde de Bogotá Enrique Peñalosa entró en guerra de versiones con el mandatario. En la mitad de ese forcejeo de egos quedan la alcaldesa Claudia López, que necesita la financiación de la línea 2 del metro, y la capital, que está exhausta de estar permanentemente en obras sin resultados.

Para el presidente Petro es evidente que el metro subterráneo es una obsesión personal. Tiene sentido. Como alcalde lo propuso y recibió promesas de la nación que no se cumplieron. Después, cuando llegó Peñalosa al Palacio Liévano, decidió echar por la borda los estudios realizados en la administración Petro y empezar uno nuevo, también entre señalamientos agresivos con el entonces senador. Así perdimos años sin que se iniciara una obra necesaria para la movilidad de una ciudad que crece de forma desmedida.

Sobre esto, el presidente dice que “a la fecha, variado el proyecto, pasados ya ocho años, casi nueve, no conocemos el estudio y diseño del otro proyecto; simplemente se suspendió, simplemente no era del agrado de ciertas capas de la vida política el que Bogotá tuviera un metro subterráneo, afectaba intereses”. Por eso, y por una supuesta desconfianza sobre la seguridad estructural de construir un metro elevado por la Caracas, el presidente, sin consultarlo con la actual alcaldesa, Claudia López, hizo reuniones de alto nivel con el Estado chino, cuya empresa está contratada para construir el metro, y le pidió que evaluara hacerlo subterráneo.

Eso no tiene ningún sentido en este momento. Finalmente, en 2020, se contrató el metro elevado y las obras ya empezaron, aunque con notable lentitud. Con esa certeza, el presidente debería aprovechar para plantear la línea 2 de manera subterránea, pero permitir que se inicie la construcción en la de la Caracas tal y como está contratada. Sin más dilaciones, sin sobrecostos. Por el bien de la movilidad y la estabilidad de la ciudad.

También es necesario preguntar bajo qué términos se pidió a China la evaluación del metro subterráneo. ¿Hay, acaso, promesas que involucran futuros contratos? Y esta es una pregunta que apunta a todos los gobernantes colombianos, sin importar ideología: ¿no merece consideración el hecho de contratar con empresas estatales de un país que es violador sistemático de derechos humanos? Esa es otra discusión que ha pasado de agache en Colombia.

Es comprensible la frustración del presidente, pero debería aprovechar que en Bogotá hay una alcaldesa que busca construir sobre lo construido, para no seguir dilatando procesos necesarios para la ciudad.

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