Publicidad
10 Mar 2022 - 5:00 a. m.

No, no son monstruos

Lo que ocurrió en Querétaro, México, no es un caso aislado. Las soluciones son complejas, pero necesarias. / Fotografía: Enrique Contla (EFE)
Lo que ocurrió en Querétaro, México, no es un caso aislado. Las soluciones son complejas, pero necesarias. / Fotografía: Enrique Contla (EFE)
Foto: .EFE - Enrique Contla

La primera imagen que quedará para la historia es la de una familia completa, con una niña y un niño, corriendo por la cancha de fútbol huyendo de la violencia barbárica que se estaba viendo en las tribunas y los alrededores del campo del Querétaro, en México. La segunda imagen es la de los directivos de la Liga MX y de la Federación Mexicana de Fútbol anunciando sanciones estrictas, tardías y, nos lamentamos, inútiles en el largo plazo para enfrentar un problema cultural profundo. El fútbol sigue siendo excusa para la violencia.

De poco sirven los mensajes que equiparan a los hombres que se enfrentaron violentamente con monstruos, con seres irracionales. Eso es arrebatarles por completo agencia, lo que no es cierto. No existen entre los humanos meros seres que se dejan mover por los instintos, las hormonas, la sed de sangre. Esas narrativas simplistas ocultan las responsabilidades y nos alejan de los debates complejos que hay que dar. El enfrentamiento que dejó a 26 personas heridas y al mundo entero en shock es síntoma de las dinámicas tóxicas que se cultivan en entornos mayoritariamente masculinos. Que el fútbol tenga una estrecha relación con las barras bravas y con la violencia no es un fenómeno inexplicable ni mucho menos atípico. Por eso es fundamental miradas que hagan preguntas difíciles.

Sin embargo, los directivos del fútbol en México no parecen muy interesados en eso. La solución, según ellos, es sencilla: sanciones severas que, en todo caso, llegan tarde. El fútbol continuará hasta la próxima tragedia, que seguro vendrá acompañada de sus respectivas sanciones. Y así seguiremos preguntándonos qué se puede hacer para prevenir lo que se torna repetitivo.

Mikel Arriola, presidente de la Liga MX, dijo a Mediotiempo que “solo se necesita revisar lo de ayer para ver que estamos ante un problema de criminales. Tenemos que seguir cerrándoles espacios a las barras en los que generan violencia. En carácter preventivo, el estadio de la Corregidora no se podrá utilizar hasta nuevo aviso. Esas medidas también se ayudarán de tecnología para identificar quién entra a un estadio, quién porta el boleto y su lugar numerado”. Querétaro también perdió el partido y tendrá que jugar un año entero sin hinchas. Atlas, el otro equipo involucrado, no podrá llevar a sus hinchas durante seis meses de partidos como visitante.

Son sanciones necesarias, por supuesto. Pero como toda medida punitiva, inútiles en el largo plazo. Inglaterra da ejemplo de cómo para desmantelar la violencia entre las barras bravas se requieren programas de largo aliento y con enfoque social. Colombia, que sigue teniendo cada tanto problemas de enfrentamientos irresponsables, ha intentado avanzar en ese camino. No es sencillo, claro. Tampoco suele producir réditos en el debate público. Pero es necesario.

El fútbol tiene el potencial de ser un deporte para todos los tipos de fanáticos, para unir naciones, para generar identidades locales, pero para lograrlo un principio innegociable es la paz. Estamos lejos de conseguirla.

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a elespectadoropinion@gmail.com.

Nota del director. Necesitamos lectores como usted para seguir haciendo un periodismo independiente y de calidad. Considere adquirir una suscripción digital y apostémosle al poder de la palabra.

Síguenos en Google Noticias
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta política.