¿No queremos aprender a manejar bien la protesta?

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El Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) está de nuevo en el centro del debate público por la hostilidad que ejerce contra la ciudadanía. Primero el martes, al dispersar una manifestación de empresarios preocupados por la regulación del Distrito, y luego el miércoles, en medio de, vaya paradoja, una protesta contra la violencia policial. Aunque las autoridades dicen que se respetaron todos los protocolos, que hubo provocaciones y que todavía no es claro por qué uno de los manifestantes sufrió una grave herida en su ojo izquierdo, se sigue deteriorando la confianza de las personas en la Policía. Además de explicarle al país lo sucedido, que es lo mínimo, el Esmad está en mora de adoptar cambios eficaces que garanticen que no se repetirán situaciones como la de Dilan Cruz, que sigue en la impunidad.

Las discusiones sobre el Esmad son difíciles. Tiene sentido. A estas alturas, el actuar de la Policía en medio de manifestaciones ha hecho que pierda legitimidad ante muchos ciudadanos. La muerte de Cruz es un caso simbólico, pero está lejos de ser el único. Con la llegada al Distrito de la alcaldesa Claudia López hubo una promesa de adoptar un protocolo de comportamiento que evitara los peores enfrentamientos. A la fecha ha sido insuficiente. Desde la Policía, su actitud es la que se ha vuelto típica en la Fuerza Pública colombiana: asumir que todo lo están haciendo de manera correcta sin abrir siquiera un espacio de reflexión.

Toda la atención está ahora sobre Gareth Steven Sella. El joven de 24 años sufrió una herida grave en su ojo. Según le contó su hermana, Kimberly Sella, a El Espectador, “el ojo está mal. El doctor dice que lo máximo que puede recuperar es un 10 %, aunque toca esperar la segunda intervención e incluso una tercera”. Algunas personas sostienen que se trató de un golpe ocasionado por el Esmad. Sin embargo, la Policía dice que tiene dudas y que pudo tratarse de una piedra. Además, compartió la información de que Sella se cambió de ropa durante la manifestación. Sobre eso, la alcaldesa López dijo: “¡No vamos a permitir que estigmaticen a Gareth por cómo se viste! La investigación lo que debe determinar es quién disparó el artefacto que le afectó su ojo, pese a estar expresamente prohibido por mis instrucciones y los protocolos de la Alcaldía”.

Ese choque entre la Policía y el Distrito debe resolverse. Pero lo que deja en evidencia es una fractura entre la ciudadanía y una institución que debe protegerla. También demuestra que los mecanismos que tenemos a nuestra disposición para enfrentar el vandalismo y la violencia dentro de las protestas legítimas se han quedado cortos. Es momento de una reforma profunda a la labor de la Policía, del Esmad y de cómo enfrentamos la protesta social. Sin embargo, no vemos voluntad política para hacerlo ni en el nivel nacional ni en el local.

La inercia en este tema nos llevará a que poco cambie. Pero esa es una actitud inaceptable en un país donde todavía no hay sentencia en el caso de Cruz y la justicia ha sido lenta en procesar los abusos policiales vistos el año pasado. Así, ¿cómo les pedimos a las personas que confíen en las autoridades? ¿Cómo garantizamos el derecho fundamental a las manifestaciones? ¿Cómo le bajamos la tensión a la ciudad?

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