Prudencia y sentido común contra el coronavirus

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La pandemia sigue acelerándose. En seis semanas, los casos globales se han potenciado. Entre los protagonistas se encuentran varios países de nuestro continente. Colombia, a pesar de venir con un buen manejo, sigue en riesgo, pues ya hay señales de un sistema de salud al borde del colapso. Con Bogotá de regreso a una cuarentena estricta por sectores, y con varios focos de contagios regados por el país, se auguran semanas complejas y dolorosas. Necesitamos la prudencia y el sentido común de los colombianos, que muestran señales de agotamiento que pueden resultar fatales.

“En nuestra situación actual es muy poco probable que podamos erradicar o eliminar el virus”, dijo el viernes el doctor Mike Ryan, director ejecutivo del programa de emergencias sanitarias de la Organización Mundial de la Salud (OMS). “Hemos visto países que han logrado llegar a cero o casi a cero (casos) que los reimportan del exterior, así que siempre hay un riesgo”. En América Latina, el problema es que los casos siguen disparados, acompañados por liderazgos ineptos, como lo que está ocurriendo en Brasil.

Colombia está mostrando síntomas de fatiga. El presidente, Iván Duque, dijo que “la respuesta es sí, el mundo va a seguir viendo contagios, y tenemos que prepararnos para ello; los contagios no paran porque entre más intercambios tengamos, entre más vida productiva y social recuperemos, tendremos riesgos”. La alcaldesa de Bogotá, Claudia López, al anunciar la cuarentena estricta a partir de mañana, dijo que “es imposible controlar el pico (de la pandemia) con seis o siete millones de personas movilizándose”.

Esta es la realidad: las UCI están en riesgo de saturación, los casos de los contagios están disparados (este viernes se reportaron más de 6.000), los colombianos están desesperados por la crisis económica y el panorama es alarmante. Lo único que ha funcionado en el pasado para desacelerar la tasa de contagios es el uso de medidas restrictivas, pero estas no han sido acompañadas de alivios económicos, por lo que cada vez son más inviables. La pregunta sobre si morirse de hambre o contagiarse permanece vigente.

Volviendo a las declaraciones de Ryan, dijo que debemos “informar a las comunidades de manera constante, con honestidad y de forma integral, porque la situación está evolucionando y sabemos lo rápido que pequeños focos de contagio pueden convertirse en incendios forestales”. Hay que insistir en el autocuidado, el uso del tapabocas, conservar la distancia y no salir de casa en la medida que sea posible. El país no puede bajar la guardia: no solo en Bogotá, Barranquilla y los demás puntos álgidos existe el riesgo. En cualquier momento podemos tener más estallidos.

La lucha contra el COVID-19 es una maratón. El sufrimiento que hemos visto en otros países puede aparecer por el nuestro. Tenemos buenas noticias: el Amazonas, por ejemplo, ha podido reducir el riesgo gracias a las medidas estrictas. Antioquia sigue dando ejemplo. Hay maneras, entonces, de no caer al abismo. Pero requieren compromiso de todos. Hacen necesario, además, que no olvidemos la letalidad del enemigo al que nos enfrentamos y la fragilidad de nuestras defensas.

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