Un avance poco ambicioso en la flota de Transmilenio

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Después de múltiples e innecesarias peleas, el Distrito Capital llevó a cabo la licitación para actualizar 1.133 buses de la flota de Transmilenio. Aunque sin duda hay un avance con respecto a los articulados que están en funcionamiento, queda el sinsabor de que la Alcaldía nunca mostró suficiente interés en una apuesta ambiciosa por revolucionar el transporte en la ciudad. El resultado es un parque automotor que llega desactualizado, teniendo en cuenta los estándares y las tendencias globales.

Del total de buses que se actualizarán, los cuales pertenecen a las fases I y II de Transmilenio, 672 usarán diésel con tecnología antiemisiones Euro V y 461 serán de gas natural bajo un estándar Euro VI. Pese al bombo con el que la Alcaldía anunció la modificación de las condiciones para fomentar la llegada de buses eléctricos, no habrá ni un solo articulado con esas características.

Solo para tener una idea, mientras tanto, Nueva York se comprometió a que los 5.700 buses de su flota sean todos eléctricos para 2040, tres ciudades en Alemania esperan tener 3.000 buses eléctricos en 2030, y Shenzhen, en China, ya tiene una flota de 16.000 buses eléctricos. ¿Hablamos de ambición?

La Alcaldía está sacando pecho por la adjudicación, pues, como dijo la gerente de Transmilenio, María Consuelo Araújo, en La FM, “cumplimos con los criterios para adjudicar los mejores buses posibles”. El argumento del Distrito es que con la nueva flota se reducirán en un 80 % las emisiones de material particulado, lo que demuestra una mejora con el estado de cosas actual.

Eso es verdad. La flota tiene unos estándares irresponsables y completamente obsoletos en cuanto a su impacto ambiental. Por eso, los nuevos buses, que vienen con exigencias más rigurosas, son una mejora considerable. Ya era hora de que la ciudad hiciera esa inversión.

El problema es que cumplir (y superar) las exigencias de la normativa colombiana no implica que la ciudad esté siendo ambiciosa sobre su futuro. De hecho, la regulación colombiana es tan anticuada y tan laxa, que no debería ser referente en una discusión de este nivel, pues sus mínimos no son aceptables teniendo en cuenta la tecnología existente.

Por ejemplo, en Europa solo operan buses (diésel y de gas) con Euro VI desde hace cuatro años. La nueva flota bogotana, entonces, aterriza desactualizada.

Además, la realidad es que el mundo se dirige hacia la electricidad, no solo como mecanismo para combatir la contaminación y el cambio climático, sino porque es una medida financieramente razonable por los costos en salud que evitan. ¿Cuántos años más tardará Bogotá en tener su primer bus eléctrico? ¿No se supone que la capital pretende marcar la pauta a nivel nacional? ¿Desde cuándo nos conformamos con ir siempre atrás?

El Distrito justificó la ausencia de buses eléctricos en dos razones: primera, por el costo; segunda, porque solo un oferente propuso flota eléctrica y perdió en la licitación. Pero la realidad muestra que, desde el principio, no hubo la voluntad política de crear un pliego propicio para que ofertaran flotas eléctricas. El resultado es claro: una solución a corto plazo que nos recuerda que Bogotá ha perdido la costumbre de soñarse a futuro.

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