22 Jul 2021 - 3:00 a. m.

Un Congreso en ridículo caos

El Espectador

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Si se supone que el Congreso de la República representa a los colombianos, la imagen del país que dieron los legisladores el pasado 20 de julio es la de uno plagado de inmadurez, falta de transparencia, tribalismo, polarización y trampa. La instalación de la nueva legislatura de Senado y Cámara de Representantes dejó en evidencia rencillas internas, acuerdos para buscar el matoneo contra ciertos sectores y falta de responsabilidad ante decisiones políticas con fuerza simbólica. Es un mal presagio para el importante trabajo que debería ocurrir en estos meses para enfrentar la crisis que asfixia a los colombianos.

Los desplantes empezaron con el presidente Iván Duque. Después de un discurso en el que rechazó la polarización, la política del odio y del populismo, el mandatario se fue sin escuchar la respuesta de los partidos de oposición. En entrevista con Blu Radio, el ministro del Interior, Daniel Palacios, dio una extraña defensa de esa actitud: “En el Estatuto de la Oposición no dice, por ningún lado, que el presidente de la República debe sentarse a escuchar a la oposición. Dice que debe garantizársele a la oposición una réplica al presidente, pero en ninguna parte dice que el presidente tiene que sentarse a escucharla”. ¿Es decir que es necesario obligar, por ley, al presidente a realizar un acto de decencia que dignifica el ejercicio democrático? El mensaje que se envía al país es que una respuesta directa a su discurso no merece ser escuchada. Pésimo símbolo.

Ese, sin embargo, no fue el mayor escándalo del día. Primero, el Congreso decidió seguir manchando su poca legitimidad nombrando como presidente del Senado y presidenta de la Cámara a dos personas con serios cuestionamientos. Juan Diego Gómez, del Partido Conservador, y Jennifer Arias, del Centro Democrático, recibieron nombramientos casi por aclamación a pesar de los múltiples reportes de prensa que ponen en duda su idoneidad. Es especialmente diciente ver a partidos autoproclamados alternativos votando en bloque por estos nombres amparados en que así funcionan los acuerdos burocráticos. ¿Acaso esos pactos pesan más que la dignidad del cargo? ¿Solo porque así siempre se hayan hecho las cosas en el Congreso significa que deban seguir de esa forma?

Después vimos el fracaso de la oposición. Gustavo Bolívar, de los Decentes, era el candidato a la vicepresidencia del Senado, pero fue derrotado por el voto en blanco. Esto, en un acto de incumplimiento de promesas por parte del Partido Conservador y otros partidos. ¿Por qué sí objetan a alguien como Bolívar y no a Gómez o Arias? Más aún, después el Partido Verde aprovechó la confusión para nominar a Iván Name, uno de los suyos, y quedarse con ese puesto. Desde entonces hay guerra verbal entre los principales líderes de todos los partidos.

Queda la sensación de una política construida a partir de la traición, los acuerdos burocráticos, los personalismos y la falta de diálogo. Ese es el ejemplo que dan los líderes políticos de Colombia.

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