26 Dec 2020 - 3:00 a. m.

Un golpe a la libertad en Turquía

El Espectador

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En Turquía están utilizando el sistema judicial para silenciar a periodistas y fortalecer el régimen cada vez más autoritario de Recep Tayyip Erdogan. En una decisión preocupante, condenada por expertos en libertad de prensa de todo el mundo y a cuyo rechazo El Espectador se une, sentenciaron a 18 años y seis meses de prisión a Can Dündar, jefe de redacción de uno de los pocos medios independientes que le han hecho oposición al gobierno, Cumhuriyet. Se le acusa de colaborar con terroristas, cuando lo único que hizo fue dar a conocer acuerdos de venta de armas por parte de los servicios secretos turcos en Siria. Por más que se intente darle blindaje jurídico a la decisión, es evidente que el interés es la censura y aplastar cualquier posición que irrite al régimen.

Erdogan es famoso por su ego frágil. De la misma talla que tantos líderes autoritarios que dominan en varias partes del mundo, en Turquía ha liderado esfuerzos por silenciar a sus opositores y ha entablado disputas con sus homólogos, como el francés Emmanuel Macron, por no saber respetar la libertad de expresión y de prensa. Desde 2015, el líder turco tiene entre ojos a Dündar, pues él publicó imágenes que probaban cómo los servicios secretos entregaban armas en Siria, sin ninguna transparencia. La revelación, publicada en Cumhuriyet, fue tildada como espionaje.

La justicia turca le ha seguido el juego a Erdogan. A Dündar lo detuvieron preventivamente en noviembre de 2015 durante 100 días hasta que el Tribunal Constitucional dictaminara que se trataba de una vulneración a sus derechos humanos. En 2016 vino la primera condena contra el periodista, de cinco años y diez meses, por divulgar “secretos de Estado”. Después, en 2018, se agregó el cargo de espionaje. En el veredicto el tribunal encontró culpable al periodista de “divulgación de informaciones confidenciales y espionaje”, y “ayuda a una organización terrorista”.

Se trata de una sentencia política. El secretario general de la Federación Europea de Periodistas (EFJ), Ricardo Gutiérrez, le dijo a AFP: “¿Qué podemos pensar de un sistema judicial que condena a un periodista a una pena tan dura por simplemente hacer su trabajo? Esta condena muestra la naturaleza fundamentalmente tendenciosa e inicua de estos jueces al servicio del poder político. No reconocemos la legitimidad de esta decisión y pedimos una vez más la liberación de todos los periodistas encarcelados en Turquía”.

Estamos de acuerdo. Lastimosamente, lo más probable es que nada ocurra. La presión de la Unión Europea y las democracias occidentales sobre Erdogan y Turquía se ha disminuido. No en vano el líder turco encontró franca amistad con Donald Trump, quien mostró su mano blanda al lidiar con él y con otros caudillos autoritarios. En el proceso, la democracia de Turquía se ha ido debilitando, el sistema judicial ha quedado a merced de los caprichos de Erdogan y la oposición ha sido silenciada.

Un ataque contra un periodista es un ataque contra todos los periodistas y, más importante aún, contra las sociedades libres y democráticas. Dündar está refugiado en Alemania, pero su condena es un amargo recordatorio de que las libertades están bajo acecho en varias partes del mundo.

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