
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
El caso de violencia sexual en la Universidad de Cornell ha conmocionado a la opinión pública en Estados Unidos y el mundo. No se trata únicamente del horror ocurrido en la casa de la fraternidad Chi Phi en octubre de 2024 –donde siete estudiantes sometieron a una compañera menor de edad a casi siete horas de abusos sexuales mientras ella estaba sin posibilidad de resistir o defenderse bajo efectos del alcohol, marihuana y ketamina–, sino de la arquitectura de impunidad e indiferencia que es común cuando estos hechos suceden.
Esa noche, cuando el abuso ocurría, un miembro de la fraternidad mandó un mensaje al chat de Snapchat “Chi Phi Actives” anunciando “free pussy” (vagina gratis), convocando a otros a sumarse a la agresión en la residencia estudiantil. En un grupo con decenas de estudiantes, ninguno alzó la voz en contra. Luego, cuando la víctima acudió a la policía universitaria y declaró durante horas que, con un “100 % de certeza”, había sido violada, el oficial a cargo redujo su testimonio a un informe mutilado de seis páginas que omitió sus afirmaciones categóricas. Basado en ese documento, el fiscal de distrito consideró que todo fue consensuado, que no hubo agresión y archivó el caso. Entre tanto, la universidad expulsó a dos de los siete presuntos violadores y a los otros cinco les ‘sancionó’ con la tarea de redactar ensayos sobre su mala conducta.
Traumatizada, sin respaldo institucional y forzada a compartir aula de clase con quienes la agredieron, la víctima dejó la universidad y no obtuvo de vuelta los costos de matrícula, con los que hubiera querido inscribirse en otro centro educativo. Es decir, la denunciante asumió consecuencias más severas que los denunciados.
La historia no habría alcanzado escala global sin la persistencia de Cereese Qusba, una periodista del medio estudiantil The Cornell Daily Sun –perteneciente a la misma fraternidad de la víctima–, quien siguió el caso paso a paso, documentó las inconsistencias y publicó la historia cuando Jane Doe –seudónimo que la denunciante adoptó para proteger su identidad– demandó por negligencia a la Universidad de Cornell. Fue ese reporte local el que encendió la chispa que luego retomaron medios grandes como The New York Times, lo que obligó a reevaluar la reapertura de la causa.
Aunque esta historia ocurre en los Estados Unidos, su resonancia es universal: las estructuras de poder en las instituciones, una vez más, fallan en proteger a las mujeres.
Como bien lo sintetizó el editorial del The Cornell Daily Sun, la postura ética frente a este tema no admite matices ni negociaciones. La obligación de una institución con la seguridad física de sus estudiantes no es un compromiso entre muchos otros, algo que pueda sopesarse contra el prestigio, la reputación o el riesgo de demandas judiciales. La seguridad es previa a todo lo demás. La universidad existe para enseñar y educar, pero la enseñanza presupone un estudiante en capacidad de recibirla, lo que a su vez exige un estudiante que no tema entrar a un salón de clases. La seguridad entonces no es complementaria a la misión educativa: es su condición previa y fundamental.
El fenómeno de violencia sexual en las universidades es sistemático y está ampliamente documentado en todo el mundo. La tolerancia con él en cualquier espacio –un campus universitario, un entorno laboral o una ciudad entera– debe ser rotundamente cero. Este caso tiene similitudes con el de Giséle Pelicot, mujer francesa que por años fue víctima de violaciones grupales que su esposo promovía mientras la dejaba inconsciente bajo sustancias químicas. Más de 50 hombres de muy diversos perfiles abusaron de ella por años y la justicia operó solo cuando hubo presión mediática. Del caso de Pélicot quedó una consigna: la vergüenza debe cambiar de bando. Esto significa que debemos exigir responsabilidad y sanción a los victimarios. Todas las universidades, como centros de formación, deben ser vehementes en enseñar a los hombres que no pueden violar a las mujeres.
¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a elespectadoropinion@gmail.com
Nota del director. Necesitamos lectores como usted para seguir haciendo un periodismo independiente y de calidad. Considere adquirir una suscripción digital y apostémosle al poder de la palabra.
-
DIANA MARCELA(jykgs)•Hace 11 horasExcelente editorial. Gracias!
-
Juan Antonio(45350)•Hace 11 horasY aquí tenemos la viga en el ojo del platanal, el Therian PRESIFRENTE le mostró el “bulto” (que será de relleno) a una periodista. Mujeres y hombres de esta banana repúblic lo celebraron alborozados
-
maría(52338)•Hace 13 horasno solo las universidades, en todo lado, y a ver con el pacto machista, ¿qué tiene que decir este medio sobre eso?
-
Lola(15127)•Hace 14 horasLas mujeres seguimos estando en el escalón más bajo de la sociedad cuando se trata de aplicar justicia por agresiones sexuales sin importar la edad que se tenga.
-
kastriyon(czxtr)•Hace 15 horas"…enseñar a los hombres que no pueden violar a las mujeres." Debería ser una redacción inclusiva, también a las mujeres y a todos los estudiantes se les debería enseñar lo mismo, no solo a los hombres, también existen mujeres violadoras y criminales. … enseñar a sus alumnos que ninguna persona debe ser violada.
-
Lola(15127)•Hace 14 horasMe imaginé que esta sería la protesta contra el artículo en lugar de la violación y todo el proceso que siguió para que fuese condenada por la justicia. Lo que confirma el silencio que muchos aprueban con estos casos tan graves. Hasta ahora no he leído el caso contrario: un hombre drogado y violado por varias mujeres y un recinto universitario que cubra a las violadoras y calle.
-
-
Álamo(88990)•Hace 16 horas¡Lamentable! Pero, por aquí nomás, el candidato Brujo forzó, ‘al aire’, a una periodista de Caracol, a "escudriñar" una foto suya, haciendo gala de falo, y anotando, además, que "de c…lo sí estoy mal". Y todos calladitos en público.
-
antonio(7747)•Hace 16 horasNada que ver con la violencia sexual a la que fueron sometidos/as los/las menores en las filas de las facrs. En usa habrá justicia contra los culpables mientras en colombia habrá total impunidad, gracias a la JEP, que dicen que es un tribunal admirado por la comunidad internacional, pero hasta el momento no he leído pais alguno que la haya tomado como ejemplo.
-
antonio(7747)•Hace 11 horasBusca en el internet el testimonio de esta mujer VLuz Fary Palomar quien denunció ante la JEP que fue violada por timochenco cuando tenia 13 años. Y la JEP ? bien gracias, viajando por el mundo. Si a ud no le duele la violacion de una niña de 13 años, no vale la pena seguir conversando con ud.
-
Lola(15127)•Hace 14 horasPor favor, nada que ver. El odio enceguese. Dé nombres para que la justicia actúe si tanto le duele.
-
-
Atenas(06773)•Hace 16 horasSea lo q’ fuere q’ sirva pa violentar mujeres es execrable. Sí, toda forma de violencia de género, machismo o misoginia q’ pretenda rebajar, minimizar o martirizar a una mujer no merece más q’ repudio. Sea en Francia, England, USA, con la cultura islámica….., donde sea, debe ser proscrita. De días atrás había leído lo ocurrido en una noche de farra en tan prestigiosa U. Atenas
-
Maria Eugenia(56068)•Hace 16 horasEso pasa cuando la sociedad privilegia el instinto del macho como una cualidad.
-
PEDRO(85266)•Hace 17 horasla barbarie e inhumanidad llevada los extremos mas aberrantes de la pujante sociedad norteamericana.
-
Jon Lindsay(ua6yh)•Hace 18 horasTenemos que reconocernos, y particularmente los machos, como somos, especialmente como seres con instinto sexual, y tener un debate abierto sobre lo mismo para educar nuestras sociedades de manera adecuada para una vida saludable con respecto al sexo.