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15 Jan 2022 - 5:00 a. m.

Vladimir Putin mantiene su amenaza belicista

En su ajedrez estratégico, el Kremlin está actuando dentro de su zona de influencia inmediata como lo hacía en la época de la Guerra Fría. / Fotografía: Alexey Nikolsky
En su ajedrez estratégico, el Kremlin está actuando dentro de su zona de influencia inmediata como lo hacía en la época de la Guerra Fría. / Fotografía: Alexey Nikolsky
Foto: ALEXEY NIKOLSKY

El autócrata ruso Vladimir Putin continúa el juego de poder en Ucrania tras su reticencia a hallar una solución después de las recientes conversaciones adelantadas con Estados Unidos, así como con los líderes de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), lo que dificulta una salida diplomática a la crisis que se vive en Europa central. Ante los escasos avances del diálogo directo, y con el paso de los días, el escenario de una posible invasión tiene en vilo a los ucranianos. Las más recientes previsiones de los organismos de inteligencia y seguridad en Washington alertan sobre un falso incidente que estaría gestando Moscú para cumplir con su amenaza.

El tema genera gran preocupación internacional. Putin extraña los días de la Unión Soviética y quiere revivir la influencia rusa en sus países vecinos, alejándolos de la OTAN. Cuando una revuelta popular logró la salida de Ucrania del títere de Moscú, Víktor Yanukóvich, y dicho país se acercó a la Unión Europea, desde Rusia se promovió la secesión de Crimea para supuestamente proteger los intereses rusos. Es por este motivo que ahora se teme el uso de algún tipo de provocación inventada, pues difícilmente Kiev desea confrontar a su vecino, pues le daría la excusa que el Kremlin necesita para justificar internacionalmente una ilegal acción de la fuerza.

El presidente ruso parece seguir un guion detallado, en el cual utiliza el anuncio de la acción militar contra Ucrania. Acusa a dicho país de convertirse en una amenaza directa para su seguridad en la medida en que su eventual ingreso a la OTAN aumenta la presencia de la alianza atlántica en su patio trasero, cosa que no está dispuesto a aceptar. Además de la prohibición de que Ucrania ingrese a la Organización, exigió limitar el despliegue de tropas y armas por parte de la OTAN en el este, lo que devolvería a las fuerzas armadas de la alianza al lugar donde estaban estacionadas en 1997. Ante el rechazo de dichas peticiones, su paso siguiente fue el envío de cerca de 100.000 soldados rusos a la frontera a finales del año anterior. Este despliegue condujo al diálogo entre Putin y Biden en diciembre pasado, así como las recientes conversaciones en las que no se han logrado mayores avances. Es en este complejo panorama donde un jugador tan hábil como el líder ruso podrá argumentar a futuro que ha agotado todas las etapas para evitar una confrontación.

Las opciones que tienen los Estados Unidos y los 27 países comunitarios no son tan claras. A pesar de que desde Washington y Bruselas se han hecho advertencias sobre fuertes sanciones como medida de retaliación si se llega al uso de la fuerza por parte de Moscú, es seguro que Vladimir Putin ya ha sopesado los costos y beneficios de sus acciones futuras. Su cálculo inicial de que los países occidentales no se iban a jugar militarmente por Ucrania resultó cierto, comenzando por el hecho de que los propios países europeos no tienen la capacidad para enfrentar solos a Rusia y, además, no han logrado una posición consensuada dados los distintos intereses y ópticas que manejan los 27 países comunitarios.

Por otro lado, en su ajedrez estratégico, el Kremlin está actuando dentro de su zona de influencia inmediata como lo hacía en la época de la Guerra Fría. Ante las recientes protestas masivas en Kazajistán, envió tropas rusas para apoyar a su presidente y aliado. Lo mismo ha advertido con respecto a Bielorrusia y la posibilidad de que pierda otro país cercano. Putin ha actuado con el paraguas de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), que integran, además de Rusia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Armenia y Bielorrusia. Así las cosas, el panorama de una posible intervención en Ucrania, que le permita retomar el control estratégico de su vecino, parece cada vez más cercano, lo que generaría un grave precedente internacional.

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