El 20 de julio

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En el Acta del Cabildo de Santafé no existe referencia alguna a la independencia. Aparece, en cambio, una petición expresa a la Junta de Gobierno: adoptar una Constitución. En consecuencia, el 20 de julio no es el Día de la Independencia, sino el Día de la Constitución, pero semejante pedido colectivo, en medio de un cabildo abierto, era una postura nueva, original, inédita hasta entonces.

Los habitantes de la Nueva Granada eran los españoles de este lado del mundo. Más allá del sistema de castas que construyeron todos los imperios coloniales, los neogranadinos de esa época habían sido formados en el pensamiento ibérico: el municipio castellano, la Escuela de Salamanca, la importancia histórica de los comunes, todo ello formaba parte de su idiosincrasia.

El municipio, cuya raíz se hunde en los fueros territoriales del Medioevo, se incrustó en los clanes indígenas —o al revés— y así se legitimaron los cabildos coloniales. La importancia de que la autoridad estuviera sujeta al derecho fue el mensaje proyectado sobre los criollos por la Escuela de Salamanca. El levantamiento de los comuneros de Castilla contra Carlos V en 1520, antes de las revoluciones liberales, resonaba en el pueblo neogranadino, que protestó contra los impuestos y se movilizó masivamente en 1781.

Todo eso se puso de presente el 20 de julio de 1810. Los neogranadinos sostuvieron que, con el rey prisionero, la titularidad del poder regresaba al pueblo. Torres, Carbonell y otros letrados fueron claves para la convocatoria de un cabildo abierto y para la designación de una Junta de Gobierno, que ejercería el poder mientras el rey recobraba su libertad. Finalmente, el cabildo ordenó a la Junta adoptar una Constitución. Semejante proceder suponía una revolución gigantesca.

A partir de ese momento los neogranadinos fueron construyendo su “Primera República” que, ciertamente, nada tuvo de “Patria Boba”. Pensaron con autonomía su país e iniciaron un interesante proceso de búsqueda institucional, que luego se frustró con la reconquista desatada, a sangre y fuego, por Pablo Morillo en 1816. Pero la Nueva Granada alcanzó a poner en vigencia varias constituciones provinciales, con miras a construir las Provincias Unidas de la Nueva Granada. La primera de ellas fue la de Cundinamarca en 1811. Colombia nació en medio del derecho.

La generación precursora de la Independencia fue, quizás, la más brillante de las de la primera mitad del siglo XIX. Probablemente, la única que pensó por cuenta propia y no trasplantó instituciones ajenas. Sin perjuicio de otras influencias, tenía frescas las enseñanzas de la Escuela de Salamanca. Al adoptar una Constitución para Cundinamarca, privilegió el derecho sobre el poder e instauró el control como principio político. Pero la Constitución de Cundinamarca no solo fue la primera de las constituciones provinciales de la Nueva Granada. También fue la primera, en el mundo, que se redactó en idioma español. Eso imprime carácter.

@inefable1

* Presidente de la Academia Colombiana de Jurisprudencia.

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