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3 Jan 2022 - 5:30 a. m.

El afán de regular para atender intereses particulares con poder global

Bayron Gómez

En respuesta al editorial del 23 de diciembre de 2021, titulado “¿Para cuándo la regulación de las plataformas?”.

EL TEMA DE REGULAR las plataformas tecnológicas trasciende el servicio público de transporte, pues el espíritu del archivado proyecto de ley 003 de 2020 en la Cámara de Representantes (PL003) establecía: “Cualquier particular a través de una plataforma tecnológica privada podrá prestar servicios públicos”.

Para lo anterior, se usaban como soportes “científicos” del PL003, entre otros, encuestas puntuales de Fedesarrollo con servicios particulares (ej. domiciliarios de Rappi) buscando justificar la desregulación y entrega de funciones de regulación y manejo de los servicios públicos a particulares (plataformas) con la única exigencia de inscribir la plataforma en un sistema público y pagar unas contraprestaciones al Estado.

En caso de prosperar tal proyecto de ley, no solo se hubiera reemplazado el Ministerio de Transporte por Uber sino que también hubiera permitido reemplazar el Congreso y las Cortes por Zoom, el Banco de la República por bitcóin, el IGAC por Google, la Registraduría por Facebook, etc.

Es decir, es inconveniente, hasta inconstitucional e ilegal hacer leyes aisladas y direccionadas, con grandes implicaciones para todo el Estado y el desarrollo futuro del país, por el afán de atender el interés de un particular con poder dominante global que le permite operar hasta el sometimiento, por encima la ley y el orden de países sin soberanía tecnológica como el nuestro.

Así las cosas, lo correcto es establecer una ley marco de soberanía tecnológica que, entre otros aspectos, diferencie el manejo y la apropiación de tecnología, datos y conocimiento (concurso público, concesión, reversión) de aquellas plataformas tecnológicas aplicadas a la prestación de servicios públicos y de plataformas usadas para la prestación de servicios privados no regulados por el Estado.

Finalmente, cabe mencionar que el libertarismo de internet (internet sin Estado o con mínima interferencia) es punta de lanza de empresas tecnológicas con poder dominante global que requieren establecer superapps para el manejo y la explotación de múltiples servicios públicos y privados remotamente sin interferencia de ningún Estado ni organismo de inteligencia en el mundo diferente al de su país de origen (Estados Unidos y China, fundamentalmente).

Uber no vino solo por el taxi, vino por todo.

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