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21 Feb 2022 - 5:00 a. m.

¡Esta bendita paridera nos va a matar!

Marco Antonio Muñoz

En respuesta al editorial del 8 de enero de 2022, titulado “El papa se equivocó, pero tiene razón en algo”.

El anatema que sirve de título a este antieditorial pareciera un contrasentido, pero en realidad es la síntesis del problema que el papa Francisco dejó planteado hace unas semanas.

Es cierto que la natalidad garantiza la permanencia de las especies sobre la Tierra; sin embargo, los humanos nos reproducimos de manera desbordada y no tenemos predadores naturales, salvo los de nuestra misma especie. En el mundo nacen 272 bebés cada minuto. Es un motivo de alegría para 16.320 madres cada hora, pero también son más bocas que alimentar, más cuerpos que abrigar y más necesidades que satisfacer; el problema está en que los recursos naturales se agotan cada día y la degradación de nuestro planeta ha llegado a un punto de no retorno: según los científicos, a este ritmo la vida sería inviable sobre la Tierra.

Este escenario apocalíptico se debe a la desmesurada superpoblación, a la bendita paridera. No es cierto que hoy las personas estén teniendo menos hijos, como se afirma en el editorial, tampoco, que estemos asistiendo a un “invierno demográfico”, como lo afirma el sumo pontífice. Bástenos ojear las siguientes estadísticas, tomadas de las proyecciones de la ONU y Unicef, para afirmar que los úteros hoy están más fecundos que nunca.

Año Habitantes

1 200 millones

1000 310 millones

1500 500 millones

1800 978 millones

1900 1.650 millones

2000 6.070 millones

2020 7.800 millones

En las últimas dos décadas la humanidad creció en 1.730 millones de habitantes, cifra muy superior a lo que tardó en crecer en los primeros 19 siglos de nuestra era. Se estima que para el año 2050 la población será de 11.400 millones de habitantes.

Nos dice tímidamente el editorialista que las consideraciones del daño ambiental causado por la sobrepoblación también son relevantes al hacer cálculos. En realidad, la sobrepoblación es la causa del daño ambiental, pues la producción está dirigida a satisfacer las necesidades de la desmedida población, y como dice la canción: no hay cama pa’ tanta gente. Lo verdaderamente egoísta es seguir poblando el mundo sin pensar en el futuro del planeta y de la humanidad.

Nuestros amigos fieles nos han acompañado desde hace mucho tiempo, y es un falso dilema ponerlos en el lugar de los hijos, como lo cree el papa; el problema está en humanizar a nuestras mascotas, que, aunque las vistamos de seda, mascotas incómodas se quedan. Se calcula que hay en el mundo 500 millones de caninos domésticos, a quienes debemos satisfacer sus necesidades naturales y creadas, realidad que agrava aún más el problema ambiental.

Mientras el paciente lector terminó de leer esta columna, ya hay 1.000 consumidores más sobre la Tierra.

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