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Cartas marruecas

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El 11 de marzo del año 2004, un atentado yihadista en la ciudad de Madrid dejó la cifra de 192 fallecidos. El mayor atentado de España en su historia. La deficiente gestión de la tragedia llevada a cabo por el gobierno “conservador” de José María Aznar (1996-2004) derivó a que su partido político (el Partido Popular, P.P.) perdiera las elecciones tres días después. Los intereses de ese gobierno favorecían difundir el falso mensaje de que la masacre llevaba el sello de la banda terrorista vasca ETA. Si los atentados los hubiera hecho ETA, el P.P. hubiera salido fortalecido por su política interior, en caso contrario hubiera sido penalizado por su política exterior (como así sucedió).

El 30 de julio del año 2026, más de 90.000 personas procedentes de Marruecos entraron ilegalmente a nado a la ciudad española de Ceuta (cuya población es de 80.000 personas aproximadamente). A fecha de hoy, la tensión social es extrema, pues las capacidades de esta urbe están totalmente colapsadas. Sin olvidar que murieron más de 80 personas en el mar. De similar forma al atentado de Madrid, se produce una bifurcación entre los intereses del gobierno “progresista” de Pedro Sánchez (del Partido Socialista Obrero Español, P.S.O.E.) y la realidad. Mientras que las autoridades españolas eximen a Marruecos de cualquier responsabilidad por lo ocurrido (por razones desconocidas), los hechos evidencian que esta crisis migratoria fue un ataque híbrido planificado por el reino alauita.

Indistintamente de la hipocresía, el racismo y el cinismo político de España, esta columna quiere hacer un llamado de atención a los fallecidos del 30 de julio y la respuesta marroquí ante este drama humano. Es evidente que el rey absoluto de este país africano no tiene como objetivo prioritario el bienestar de su pueblo. Que tu país te considere un arma arrojadiza prescindible es algo doloroso. En América Latina hay ejemplos más cercanos que todos conocemos bien.

En definitiva, apelo con este texto a no seguir ciegamente a las élites gubernamentales por afinidad ideológica. No es positivo que los colombianos se dejen llevar como títeres por la polarización social actual. Algo fomentado por meros cálculos políticos. Por favor, más autonomía personal, más asertividad, más espíritu crítico y menos trincheras digitales de supuestos enemigos.

Pedro Vázquez Miraz

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