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Cécil y La Guajira

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Me empuja a escribirle una seria duda que me acosa desde que soy seguidor del diario en Twitter.

En particular, el tratamiento que las redes sociales del diario le dieron a la noticia del león Cécil, cazado por un dentista norteamericano, solo puede calificarse como hostigante. Además de publicar 17 noticias y más de 100 tuits sobre el hecho, se dedicaron a tuitear en reiteradas oportunidades una galería sobre una cazadora anglo que “justifica con pasajes bíblicos” su práctica.  Entiendo a la perfección el auge de las tendencias amigables con los animales en el mundo actual. Yo mismo comparto muchas de sus tesis, pero me parece excesivo que un diario colombiano dé un despliegue tan significativo a animales fallecidos en otras latitudes, cuando cada semana llegan reportes de niños muertos por desnutrición en La Guajira, y en el diario no solo se le deje de hacer ese despliegue de hasta más de 100 tuits por una semana a la noticia, sino que ni siquiera se haga noticia alguna. ¿Por qué el león Cécil es más importante para El Espectador que el niño fallecido el miércoles pasado en una ranchería? Con todo respeto, me preguntaría qué mérito tiene la longevidad de un gato para ser noticia, o la instalación de bolsas plásticas para la recolección de excrementos caninos en Manizales, o la jornada de adopción en Cali, todas estas noticias tuiteadas a lo largo del día con tanta fruición como el caso del león Cécil. El mérito debe explicarse en relación al menoscabo que sufren las noticias de corte humanitario que se dejan de difundir. Entiendo la libertad de prensa como un valor inalienable, máxime en Colombia, donde esta actividad está siempre acompañada por los riesgos propios de campear entre la profunda corrupción e ilegalidad de las distintas capas de nuestra sociedad. A lo que voy, en todo caso, es que la responsabilidad de la buena prensa es la de ser consciente a propósito de su rol en la sociedad como generadora de opinión. Con todo respeto, si se fijase alguien en el Twitter de su diario, fácilmente confundiría a El Espectador con Animal Planet.  La generación de opinión, en este caso, redundaría en hacer a las personas más sensibles frente al drama animal, pero totalmente frías frente al drama humano. Lo invito a que constate esta tendencia revisando las reacciones en redes sociales con dos casos: el de la cazadora y el del niño de dos años que sufrió de abuso sexual en Cundinamarca, ambos contemporáneos. Sobra decir que su diario en redes sociales y en la página web ha concedido más atención al primero que al segundo.  En últimas, y reiterando mi profundo respeto al ejercicio de la prensa libre, me pregunto si vale la pena una sociedad donde los niños de La Guajira sean un nicho de consumo mediático menor que los excrementos de los perros manizalitas, como las redes sociales de su diario pretenden mostrar. Germán Parrado Vera. Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

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