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Las sociedades cambian, y con ellas las formas de relacionarnos, de educar y de comprender la infancia. Las nuevas tecnologías, las transformaciones familiares, los cambios culturales y las nuevas maneras de entender los derechos de niños y niñas han modificado profundamente las pautas de crianza. Sin embargo, cambiar no debería significar olvidar. En medio de estas transformaciones, vale la pena preguntarnos qué prácticas del pasado, lejos de ser obsoletas, todavía pueden aportar a la construcción de sociedades más respetuosas y solidarias.
Una de ellas es el respeto por los demás y, particularmente, por las personas mayores. No se trata de recuperar modelos autoritarios en los que los niños debían obedecer sin cuestionar, sino de rescatar el reconocimiento del otro, la cortesía, la escucha y la consideración como aprendizajes fundamentales para la convivencia.
Émile Durkheim entendía la educación como un proceso mediante el cual las nuevas generaciones incorporan normas, valores y formas de comportamiento necesarias para participar en la vida social. Desde esta perspectiva, la crianza no consiste únicamente en satisfacer necesidades materiales o proteger derechos; también implica acompañar a niños y niñas en la construcción de capacidades para vivir con otros.
Pierre Bourdieu permite comprender algo adicional. Su concepto de habitus señala cómo determinadas maneras de pensar, sentir y actuar se incorporan desde las primeras experiencias de socialización. La familia constituye uno de los espacios fundamentales donde estas prácticas se aprenden y posteriormente se reproducen en otros escenarios sociales. Esto significa que un niño no aprende el respeto solamente porque un adulto le diga “debes respetar”. Lo aprende cuando observa cómo sus padres hablan con los abuelos, cómo los adultos tratan a otras personas, cómo se resuelven los desacuerdos y cómo se reconoce la dignidad de quien piensa diferente.
Norbert Elias, por su parte, mostró que las formas de comportamiento y autocontrol no son naturales ni permanecen iguales a través de la historia; se construyen socialmente y se transforman junto con las relaciones entre las personas. Por ello, las pautas de crianza contemporáneas tienen el desafío de encontrar un equilibrio entre libertad y límites, autonomía y responsabilidad, derechos y deberes.
Tal vez el reto no sea decidir entre una crianza “de antes” y una crianza “moderna”. El verdadero desafío consiste en preguntarnos qué queremos conservar de nuestra memoria cultural y qué necesitamos transformar. Podemos abandonar el autoritarismo sin abandonar los límites; promover la autonomía sin perder la responsabilidad; escuchar a los niños sin dejar de enseñarles a escuchar a los demás.
La infancia necesita protección, afecto y reconocimiento de sus derechos, pero también necesita aprender que vive en sociedad. Recuperar el saludo, la palabra amable, la escucha, el respeto por los mayores, el cuidado del otro y la capacidad de convivir no significa regresar al pasado. Significa rescatar aquello que todavía puede ayudarnos a construir el futuro.
Porque una sociedad moderna no debería medir su progreso únicamente por la velocidad con la que cambia, sino también por aquello que decide conservar para no perderse a sí misma.
Cristhian David Gaitán Castañeda
Sociólogo, especialista en desarrollo integral de infancia y adolescencia
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Carmen(d6co2)•Hace 2 horas¡Excelente artículo! Debiera viralisarse en las redes sociales, ya que no todo el mundo lee el periódico.