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El siguiente antieditorial más bien es un espaldarazo a su editorial del 20 de octubre del presente año: “Museo Nacional: una cultura única es adoctrinar”.
Las obras descolgadas del Museo Nacional por orden directa de De la Espriella son las que tienen que ver con las conquistas históricas ligadas a nuestra Constitución de 1991 y al reconocimiento del aniquilamiento de quienes han pensado distinto y/o han sido liberales genuinos. Recordemos que Colombia es el único país que ha sido gobernado hegemónica y más prolongadamente por un régimen conservador, que desató una cruzada contra la Ilustración y los liberales, luego de que José Hilario López, el primer y único presidente auténticamente liberal, decretara en 1851 la abolición de los esclavos (propiedad privada de élites conservadoras). Tal ha sido esta cruzada que hoy los liberales brillan por su ausencia, incluídos todos los presidentes liberales (cuya gobernanza fue bloqueada) y los representantes actuales del Partido Liberal (que son tan godos como los conservadores).
Pero resulta que la memoria histórica en formato artístico que exhibe el Museo Nacional y muchos de los demás museos colombianos, además de su papel museológico, es necesario para, al reflexionar sobre dicho aniquilamiento, tanto los victimarios como las víctimas y/o sus descendientes puedan alcanzar algún día la gracia que otorga el arrepentimiento y el perdón.
El trauma inducido por perpetración en el caso de los primeros y el estrés postraumático en los segundos tienen a Colombia sumida en una patología social pocas veces vista. Y ello porque situaciones que hacen recordar tales atrocidades no solo les pueden activar a estos un estrés igual que si estuvieran ocurriendo de nuevo, sino también la urgente necesidad del arrepentimiento y el perdón como la mejor terapia, la que hoy no estaría al alcance debido a que descolgar memorias de los museos por orden del régimen lo que genera es aparecimiento con más fuerza de esas memorias.
William Álvarez G
Otorrinolaringólogo
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