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31 Mar 2021 - 7:10 p. m.

Transferencias y billetes

Tomás Tibocha

¿Ha abandonado alguna vez una pasarela de pagos de un comercio en línea con la sensación de que, probablemente, nunca hubiese pagado lo mismo si la transacción hubiese sido física? Esta situación, que de entrada podría asumirse como una mera trivialidad, encierra un desafío más de fondo que, ante la reducción en el uso del efectivo y la bonanza que ha tenido la adopción digital a lo largo de la pandemia, merece ser considerado para evitar que la ausencia del papel sea motivo de eventuales distorsiones en el uso del capital.

Es un hecho, los intercambios no monetarios inciden en que el criterio, fundamentalmente el moral, sea más flexible que cuando existe dinero explícito de por medio. El ser humano, fiel a su naturaleza irracional, encuentra más margen de justificación en los escenarios sin moneda, lo que hace que se tiendan a tomar decisiones de una forma que, quizá, con un billete en la mano, hubiese sido muy diferente, por no decir opuesta.

Tal fenómeno, ampliamente comprobado hace años por el carismático referente de la Economía del comportamiento, Dan Ariely, hace que el turbo digital que experimentó el aparato productivo en los pasados meses, además de conveniencia, beneficios y soluciones, también traiga nuevos dilemas por resolver.

Por eso, si se tiene en cuenta que el 61 % de los colombianos redujo el manejo del efectivo en los pagos —de acuerdo con el más reciente Informe de Tendencias de medios de pago, desarrollado por Minsait Payments—, y que tan solo en el primer semestre de 2020 se movieron $67 billones a través de la banca móvil, según cifras de la Superintendencia Financiera, vale la pena poner sobre la mesa la relevancia de que el sector financiero acompañe sus innovaciones con una comunicación más pedagógica en torno a lo que está de por medio: los ahorros.

Si bien resulta fascinante descubrir que ya es posible hacer pagos con un código QR, manillas y hasta el número de celular, no deja de generar precaución el hecho de que se estén tomando decisiones sobre el dinero sin, precisamente, el dinero. Podría pensarse que una transferencia bancaria, los créditos en una aplicación de domicilios o una orden de compra de acciones son sinónimos intangibles del papel moneda, sin embargo, y por sorprendente que parezca, el solo cambio hacia una referencia simbólica genera cambios dramáticos en la concepción de la plata.

En ese sentido, así como es esencial reconocer que la tecnología ha jugado un papel protagónico en elevar los niveles de inclusión financiera en el país —tanto así que, a corte de septiembre de 2020, Colombia registró un nuevo máximo histórico con un indicador de acceso de 87,1 %, según la Banca de las Oportunidades—, también es importante señalar que, ante la virtualidad, se necesita un mayor grado de consciencia sobre la tendencia humana a minimizar la noción del dinero cuando no se tiene de forma material.

Así las cosas, resta anotar que el salto digital, que, como lo han expresado varios empresarios, permitió en meses la transformación prevista para los próximos 3 años, no solo redujo los tiempos para la masificación del comercio electrónico, también acortó la ventana natural para su apropiación y entendimiento.

Ante la consolidación del sector fintech, la renovación de la banca tradicional y la agonía del efectivo, no está de más contemplar en la educación financiera la importancia del discernimiento sobre el dinero simbólico; pues, sin ir muy lejos, es probable que su respuesta a la pregunta inicial también haya sido afirmativa.

En Twitter: @tomastibocha

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