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¿Qué está en juego en las elecciones que se llevarán a cabo el 29 de octubre? La verdad es que en ella se está definiendo mucho más que la selección de autoridades locales: alcaldes, gobernadores, diputados, concejales y ediles de las juntas administradoras locales. Por ser un evento que moviliza las realidades políticas locales, es una expresión de los sentimientos y las creencias de la gente, de una manera diferente (o mayor) que otras elecciones de la importancia de las presidenciales o del Congreso. Es decir, no definen quién manda en la política nacional, pero definen quién tiene el poder y, sobre todo, toma decisiones sobre los asuntos y eventos que más interesan a la gente, porque son más próximos a la realidad cotidiana. Vale decir, sobre eso que algunos denominan “la agenda pública”. (Recomendamos otros análisis de Rodrigo Pardo).
La discusión sobre si a Colombia le convenía unificar el calendario electoral para disminuir sus costos quedó sepultada, porque al final se impuso la visión de que la separación de elecciones es conveniente precisamente para diferenciar comportamientos de los votantes, que no son idénticos en cada convocatoria.
No lo son, porque la naturaleza de cada evento es muy diferente a la de los otros: las presidenciales (a dos vueltas), el Congreso y las “locales” (alcaldías, gobernaciones y concejos). El hecho es que la idea de unificar el calendario electoral para reducir costos fue descartada, y se podría decir que con razones de peso.
Obviamente, en cada certamen electoral hay objetivos y definiciones diferentes. No son idénticos. La próxima competencia electoral se concentrará en “lo local”, lo cual las convierte en un momento trascendental, porque tratan -deciden- sobre asuntos cercanos a la vida de los votantes. Son elecciones que afectan su vida en forma clara y directa. Para todo el país, y para el Gobierno Nacional, encabezado por el presidente Petro, es un evento definitivo sobre las agendas gubernamentales, de todos los niveles (nacionales y locales).
Lo anterior deja en claro que la jornada electoral que se avecina el 29 de octubre puede tener efectos cruciales para el país en varias dimensiones: 1. Las decisiones que se tomarán en efectos claves y cercanos a la vida de electores comunes. 2. Por sus efectos sobre los márgenes de acción del gobierno Petro. 3. Por la redefinición, así sea parcial, de una agenda pública que de por sí ya se viene haciendo diversa y compleja.
Todo indica que estas elecciones corroborarán la idea de que el país sigue dejando atrás la agenda pública de temas simples que delegaba en el alto Gobierno las decisiones sobre la agenda pública. Lo cierto es que si las elecciones resultan tan novedosas como pintan hasta ahora, serán un verdadero hito en el transcurrir de la realidad política nacional. Es decir, un evento mucho más novedoso -¿y productivo?- de lo que ven hasta ahora los observadores y analistas.
Y habrá que ver, también, los efectos de esta jornada sobre el gobierno Petro. Vale decir, para un gobierno que se ha esforzado por modernizar tradiciones y agendas, pero que se ha visto golpeado por eventos que involucran a personas cercanas y que, de cualquier forma, se lleva a cabo en un ambiente internacional complejo que salpica sus problemas y ataduras. ¿Hay algún gobierno (democrático) realmente popular en el momento en las Américas o en el mundo?
Al final, ¿qué es lo que está en juego en estas elecciones? ¿Para el país? ¿Para el gobierno Petro? ¿Para la estabilidad y viabilidad de algunos proyectos? ¿O para la vigencia de la opción política -petrista- que está en el poder?
Lo cierto es que la agenda que está sobre la mesa en las elecciones “locales” es más trascendental de lo que parece. Lo que está en juego va más allá de la escogencia de nuevas cabezas de los gobiernos locales.