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23 Jan 2022 - 2:00 a. m.

Cinco millones de votos al Congreso, ¿posibilidad o fantasía?

El desafío que se han puesto algunas coaliciones está atravesado por una serie de consideraciones y realidades a la hora de los vaticinios y las metas. Analistas llaman la atención por esos imperativos antes de los cálculos electorales.

Hugo García Segura

Editor Política

Javier González Penagos

Periodista Política
En 2018, los votos válidos solo para Senado sumaron 15,2 millones.  / AFP
En 2018, los votos válidos solo para Senado sumaron 15,2 millones. / AFP
Foto: LUIS ROBAYO

El objetivo, dicen desde el Pacto Histórico, es lograr al menos cinco millones de votos en las elecciones al Senado de la República del próximo 13 de marzo. “Si no cambiamos el Congreso no se podrán aprobar las reformas a las leyes que permitan garantizar de forma real los derechos fundamentales de las personas (…) si las mafias de la corrupción se adueñan, como hasta ahora, a través de la compra de votos, de la Cámara y el Senado, podrán hacer un golpe parlamentario contra el gobierno popular. Cambiar el Congreso es fundamental”, recalca el precandidato de izquierda Gustavo Petro. Por los lados de la Coalición Centro Esperanza, Juan Fernando Cristo, también uno de sus precandidatos, asegura que planean alcanzar al menos veinte curules en el Senado para ser bancada mayoritaria. Ello implicaría, más o menos, entre 2,5 y tres millones de votos.

Incluso, calculadora en mano, Gustavo Bolívar, cabeza de lista al Senado del Pacto Histórico, se ha aventado a hacer proyecciones sobre lo que esperan en cuanto al apoyo en las urnas a escala regional de cara a conquistar esos cinco millones de votos. Habla, por ejemplo, de obtener en Bogotá un millón de sufragios, unos 400.000 en el Valle del Cauca, 250.000 en Cundinamarca, 220.000 en Bolívar, 200.000 en Sucre, 160.000 en Norte de Santander, 150.000 en Magdalena, 150.000 en Nariño, 130.000 en Boyacá y 500.000 en Antioquia, la tierra del uribismo, solo por mencionar algunos departamentos.

Sin duda, la apuesta es ambiciosa y es una cifra que para algunos es posible y para otros una fantasía. En 2018, el partido más votado en toda Colombia fue el Centro Democrático, que obtuvo 2’513.320 apoyos, el 16,36 % del total, lo que le hizo conquistar 19 curules en la Cámara alta del Legislativo. Por supuesto, hay muchas aristas para tener en cuenta esta vez. Comenzando por el hecho de que varios de los candidatos más votados en los comicios de 2018 no estarán buscando una curul en el Senado, lo que significa un golpe para sus partidos o alianzas. Son los casos del expresidente Álvaro Uribe (Centro Democrático), el exalcalde Antanas Mockus (Alianza Verde), los ahora precandidatos presidenciales Jorge Robledo (antes del Polo y ahora en Dignidad) y David Barguil (Partido Conservador), y Roy Barreras (antes en la U y ahora en el Pacto Histórico).

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Otro factor son las consultas internas que, el mismo día de las elecciones legislativas, definirán los candidatos únicos del Pacto Histórico, la Coalición Centro Esperanza y Equipo por Colombia, en las que confluyen varios partidos o movimientos políticos, algunos con lista única y cerrada. La fuerza de la votación al Congreso marcará, de alguna manera, el acomodo inicial en el partidor de la carrera por la jefatura del Estado.

¿Es posible lograr cinco millones de votos en una lista al Senado o es eso una utopía propia del fervor con que se vive la actual campaña electoral? En los comicios de hace cuatro años, los votos válidos para esa corporación sumaron 15,2 millones. Es decir, implicaría que estos movimientos se hicieran a una tercera parte del total conseguido en 2018.

Ninguno de los analistas consultados para este artículo se atrevió a afirmar que conseguir tal número de apoyos es una posibilidad real y factible. Sin embargo, hay matices a la hora de vaticinar —como todo en política— cuántos podrán reunir. Para el profesor Juan Pablo Milanese, jefe del Departamento de Estudios Políticos de la Universidad Icesi, de Cali, en condiciones normales la meta de los cinco millones de votos, sin importar de qué grupo u orilla política se trate, “es una fantasía”. Sin embargo, advierte que el país no se encuentra en “condiciones normales”, especialmente en la arena política. Llama la atención por el hecho de que muchos partidos, como se mencionó, quedarán acéfalos de sus grandes electores. “Esto agrega una alta cuota de imprevisibilidad al resultado. Dicho esto, es altamente improbable que alguno pueda alcanzar un resultado semejante a los cinco millones”, explica.

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En esa línea, Néstor Julián Restrepo, coordinador de la maestría en Comunicación Política de la Universidad Eafit de Medellín, manifiesta que se trata de una meta ambiciosa, más si se tiene en cuenta que tanto el Pacto Histórico como el Centro Esperanza, pese a contar con figuras y movimientos con cierta trayectoria política, no dejan de ser nuevos, por lo que el desafío será tratar de conquistar el siempre esquivo y volátil voto de opinión, sin que ello implique despreciar los apoyos de políticos tradicionales que se han logrado colar. “Es difícil conseguir esos cinco millones, aunque no imposible en un momento en el que la clase política tradicional está tan golpeada y la opinión pública tiene una aceptación muy baja hacia esos partidos”.

“Es una meta muy ambiciosa, sin embargo, todo indica que el Pacto Histórico sí aumentará su representación legislativa sobre todo en el Senado. Por tanto, sí incrementará el número de respaldos a través de votos en estas elecciones. Para Senado se estiman entre trece y catorce curules, que es un aumento altísimo frente a la representación que tienen hoy. En las cámaras también hay variaciones, una de las que posiblemente más tendrá será la Cámara por Bogotá”, coincide a su turno Laura Herrera, consultora en comunicación política.

En ese sentido, para nadie es un secreto que en estas elecciones imperan los cacicazgos regionales, la compra de votos y las triquiñuelas por debajo de la mesa, sobre todo ahora que no está vigente la Ley de Garantías. En los llamados movimientos o coaliciones alternativas hablan entonces de capitalizar la indignación que en algún momento del cuatrienio Duque los ciudadanos expresaron en las calles y de plantear propuestas para la construcción de un país más justo y menos desigual. ¿Es ello suficiente en un país que, por lo general, se muestra apático y abstencionista cuando se trata de elegir Congreso, una institución tan desprestigiada ante la opinión pública?

Para el también consultor político Andrés Martínez, especialista en mercadeo social y laboratorio de comunicaciones, otro asunto que no puede pasar por alto es la abstención que caracteriza las contiendas electorales, que se evidenció con creces en la reciente votación de los Consejos de Juventud, un grupo poblacional al que todos le coquetean, pero que a pocos convencen. “Esas listas tiene buena acogida en redes sociales y los jóvenes los están apoyando, pero puede pasar lo mismo que en los Consejos: de doce millones de jóvenes habilitados para votar, solo salió el 10 % a ejercer su derecho. Los millennials son beligerantes en redes y opinan mucho, pero no salen a las urnas”.

De acuerdo con Alicia Peñaranda, analista de comunicación política y consultora de campañas electorales, la clave estará en convencer a un electorado que, contrario a seguridad, crecimiento económico o corrupción, está a la espera de soluciones mucho más específicas como acceso a sistemas de salud, oportunidades laborales u obras de infraestructura que mejoren su calidad de vida.

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“A los movimientos independientes les conviene buscar un electorado indeciso (que según las encuestas es casi la mitad de la población). Hay una población que nunca votaría por ellos y es estratégico identificarla. Después de este trabajo que se hace en las calles, con la gente, escuchando los problemas locales de verdad, estos partidos tendrán la capacidad de despertar su interés y credibilidad con propuestas concretas”, explica, precisando que, aun con las mejores propuestas, el factor decisivo es la credibilidad de los líderes: “es la única garantía de que las promesas se cumplirán con honestidad y responsabilidad”.

En la indecisión y las dificultades pare precisar una agenda concreta que convenza concuerda Andrés Martínez, mientras que Milanese asegura que, más allá que temas programáticos, la movilización de votos pasará por la capacidad de mover electores a través de múltiples métodos y estrategias. En este escenario, son igualmente cruciales “la imagen y los antecedentes, que son más importante que el discurso”, así como las propias maquinarias: “Para aumentar el caudal de votos, hay que ‘robárselos’ a otros. En este sentido habrá que ver qué pasa con electores ‘huérfanos’ de grandes ausentes como Uribe o Mockus. Las maquinarias no están tratando de aruñar votos, los tienen. Obviamente nunca están asegurados y los tienen que cultivar y movilizar. Pero no hay que subestimarlas, ahí van a estar trabajando a pleno como siempre. Eso no es garantía de buen resultado, pero no son un actor secundario sino protagónico, especialmente en las legislativas”.

Sin embargo, pasado menos de un año del estallido social, no se pueden ignorar los efectos del paro nacional. Según Néstor Restrepo, la de 2022 será “una campaña cargada de temas sociales y de atención a necesidades básicas. Solo la recuperación económica está basada en el campo, que será protagonista discursivo en estas campañas. Lo estamos viendo con el tema del glifosato. No obstante, también persisten la corrupción y la paz. Son los temas que van a colectivizar, se van a ampliar y se están haciendo en este momento”.

Otro asunto heredero del estallido social, de acuerdo con Laura Herrera, es la ola de indignación que quedó al desnudo y que, desde escenarios como la oposición, han sabido usar a su favor. “Estos movimientos no se han caracterizado por los temas programáticos. Sus campistas son principalmente hiperpersonalistas, apuntando a estrategias de pesimismo e indignación. Acá se hace un llamado a la responsabilidad en los discursos y la construcción de ambientes que luego no permiten consensos. Son estos movimientos los principales promotores de polarización a costa de su electorado”.

Son diversos los asuntos y estrategias que están usando desde ya cada una de las orillas políticas para asegurarse la mayor cantidad de escaños en marzo próximo. La meta de los cinco millones de votos parece difícil, teniendo en cuenta que las legislativas son unas elecciones diferentes, en la que entran en juego variables que, lamentablemente, van más allá de las ideas y los programas. Restan dos meses para los comicios. El desafío está sobre la mesa y, por complejo que sea, no se puede ignorar una máxima en la arena política: todo puede pasar.

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